sábado, abril 6

Capítulo 22.

Mocking.

Despierto. Ni se que hora es, pero por la ventana entra una luz anaranjada. Tengo el brazo entumecido y la cabeza de Glim apoyada en él. Su pelo me hace cosquillas en la nariz y estoy realmente incómodo, pero no cambiaría este momento por nada. Entonces Glimmer empieza a hablar en sueños, primero susurrando, pero después comienza a gritar. Solo repite una cosa:
-No, no, no. A él no.
Intento despertarla, pero ella grita más fuerte que yo. Empiezo a zarandearla gritando su nombre, hasta que abre los ojos llorosos y me abraza. 






-Glim, buenas noticias. Mañana nos vamos a casa. -dijo Mocking. Llevaba una semana en el hospital recuperándome. Mock no se había separado de mi en esos siete días. Y últimamente el chico del pasillo, Alex, venía a veces con nosotros. No nos conocíamos, pero habíamos llegado a llevarnos bien.
-Por fin. -contesté.
-No vuelvas a hacerlo. No vuelvas a hacer nada de esto y no tendrás que volver a pasar por aquí. Ahora me tienes a mi y todo va a ir bien. - Le abracé. Parecía verdad. Que siempre iba a estar aquí, que las cosas iban a mejorar. Pero eso es lo que siempre parecía.

Llegamos a casa y subimos a mi habitación. Estaba perfectamente colocada. Juraría que debería haber sangre en el suelo, pero ni una gota. Abrí el armario, busqué al fondo y ni rastro de las pastillas. 
-¿Has sido tú?
-Después de dejarte en el hospital, mientras te trataban y dormías tu madre se quedó y yo vine a organizarlo todo. ¿No te gusta como te lo he quedado? -dijo sonriendo. 
-Si, me encanta. -contesté abrazándole.- ¿Sabes? Voy a echar de menos una cosa del hospital. A Alex. -la verdad es que le había cogido cariño. Sabía que era peligroso. Que no podía hacer amigos. Que no debía. Pero yo no me había hecho su amiga, el se había metido en mi vida por su cuenta.
-Antes de irnos le dije que ya te daban el alta y donde vivías, por si quería venir a verte. No se si vendrá.
-Gracias Mocking. Gracias por todo. Hace una semana que apenas pisas tu casa, todo por mi.
-De echo, hace una semana que no piso mi casa. He visto a mis padres porque fueron al hospital.
-No te merezco. -dije mientras me tumbaba en la cama.
-Te mereces más. Te lo mereces todo. -dijo tumbándose a mi lado. Nos quedamos dormidos, estábamos agotados.

2 comentarios: