domingo, abril 21

Capítulo 24.

-¿Qué haces aquí?
-Lo mismo podría preguntarte yo. Este es mi sitio y lo sabes.
-Bueno, más bien, este era nuestro sitio.
Los dos se sientan en el césped y apoyan la espalda en la pared. 
-Claro. Era nuestro sitio. Ya no, ¿no?
-No. Es decir, podemos seguir viniendo aquí. Pero no es nuestro. Creo que no podremos venir juntos otra vez.
-Claro. Es lo mejor. Esto... ¿se ha acabado?
-Supongo. No hay más que hablar sobre este tema. 
-Yo ya lo he olvidado.
-Y yo.
Jamás habían tenido una conversación tan tensa y forzada entre los dos. Uno mira las manos del otro.
-¿A ti también? 
-Sí. Me lo esperaba, pero no estaba preparado para esto. Bueno, ahora ya sí. Lo tuyo ha sido más fácil.
-No. Lo mío ha sido igual. Pero yo me se controlar. 
-¿Insinúas que...? -el tono es amenazador. Él se da cuenta.- Mira, déjalo.
Suenan dos móviles.
-Me ha llegado un mensaje.
-A mi también.
Los dos miran los móviles. Sus expresiones cambian en un segundo. 
-¿En el tuyo pone que...?
-Si. Creo que son iguales. 
Ambos intentan parecer fuertes. Intentan que no los afecte. ¿Por qué debería afectarlos? Ellos ya lo han superado. ¿O no? No saben a donde mirar, sus ojos van posándose de un lugar a otro. Hasta que se encuentran unos en los del otro. Sienten que su mirada se nubla, que sus mejillas se humedecen.
Y se abrazan.

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