lunes, diciembre 17

Capítulo 11.

La tarde fue genial. Horas, Wheels y yo solos, paseando de la mano. A veces pasaba un rato sin que dijésemos una palabra y entonces él paraba, se giraba hacia mi y me besaba. Yo me sentía un poco incómoda, delante de todo el mundo, pero a la vez me encantaba y no me importaba.
-¿Tienes hambre? ¿Quieres ir a cenar?
-Vale, pero ¿con los chicos o solos?
-Me da igual, ¿qué te apetece comer?
-Pizza. Yo siempre quiero comer pizza - se rió y me cogió la mano con más fuerza - ¿y a ti que te apetece comer? -pregunté. No dijo nada, se acercó y me besó. 
-Lo siento, pero si me comes me muero. No puede ser. - sonrió, me cogió en brazos y yo eché los míos por detrás de su cuello y me sujeté con las piernas a su cuerpo. De pronto me acordé de que esa noche Wheels iba a ir a dormir a mi casa, porque yo seguía sola. Me entró el pánico. Me solté y aterricé en el suelo.
-¿Sabes qué he pensado? Que podían venir los chicos también a dormir esta noche. Hace mucho que no estamos todos juntos más tiempo que diez minutos y sin patinar. Y nos tienen que contar que tal sus citas. ¿Qué te parece? -¿qué me pasaba? ¿en serio me daba tanto miedo estar a solas en mi casa con Wheels? Llevaba con él casi toda la vida, sin embargo me paralizaba si pensaba en nosotros dos solos. 
-Ah, bien. Vamos a la pizzería. -Ni su cara ni sus palabras demostraban mucha alegría. Cuando llegamos el entró a pedir y yo me quedé fuera para llamar a Arrow y comentarles el plan.
-¿Eh Ar? ¿Qué tal va la noche? ¿Interrumpo? Lo siento.
-Tranquila Gli, no interrumpes nada. -rió Arrow al otro lado del teléfono. - Va bien, ya te cuento luego más detalladamente.
-Eh, hemos pensado Wheels y yo que podéis venir si queréis a dormir, porque íbamos a dormir los dos solos, pero así estamos todos juntos y hablamos y... -hablaba mucho y muy rápido y sin sentido, porque cada vez me ponía más nerviosa.
-Por como me lo dices creo que eso lo has pensado tu solita, Wheels no ha tenido nada que ver, ¿cierto? Si no te conociese diría que le tienes... ¿miedo?
-Déjate de tonterías Arrow. ¿Venís o no?
-Ahora se lo comentaré a estos, pero supongo que sí. Después de cenar, cuando dejemos a las chicas te llamo. ¿Podrás estar sola con él hasta entonces sin que te de un ataque de ansiedad?
-Muy gracioso Ar. Llama cuando puedas. Adiós, te quiero.
-Te quiero patosa. Y que no se te olvide respirar. -colgué y entré. Busqué a Wheels y allí me esperaba con dos pizzas en una mesa y una sonrisa radiante. ¿Cómo podía darme miedo? 

Cuando abrí la puerta y pasé a mi casa, aún con la luz apagada y los dedos cruzados deseaba que llegasen ya los chicos. Estaba aterrada. 
-Eh, pasa, siéntate, como en tu casa...
-Ya Gli, es mi casa -me hizo reír. Aún en ese momento, que era con la última persona que quería estar el era capaz de hacerme reír. 
-Em..¿qué quieres hacer? -pregunté mientras pasábamos al salón. Me cogió de la mano y me llevó hasta el sofá. Se sentó y tiró de mi hacia abajo. Yo me dejé llevar y me senté en su rodilla. Subí las piernas al sofá y le abracé pasando mis brazos por debajo de los suyos. 
-Glim, te noto un poco... rara. ¿Te pasa algo? En serio, sabes que puedes contármelo. 
-¿Eh? Ah, no, no. Estoy bien. A lo mejor un poco cansada, hemos andado mucho hoy. 
-Bueno, pues relájate y descansa. -dijo al tiempo que se tumbaba en el sofá y yo quedaba también tumbada encima de él. Empezó a besarme y a mover sus manos por mi espalda, tan suavemente que me derretía, como si llevase fuego en las yemas de los dedos. Cada vez que sus labios me rozaban, me daba un poco menos de miedo. - Podríamos aprovechar antes de que vengan los chicos, ahora que estamos solos, si quieres...
 

domingo, diciembre 16

Capítulo 10.

Invité a los chicos a comer a mi casa, porque mis padres no estaban, pero solo vinieron Wheels y Mocking, los demás tenían que ducharse y prepararse para la cita, Mock lo había hecho esa mañana. 
-Entonces cuéntanos, ¿cómo os habéis dejado convencer? -preguntó Wheels mientras preparábamos unos espaguetis.
-Pues sinceramente, no lo se. Yo estoy en contra de esto. La cosa fue que Arrow le dijo a Ettia si quería ir al cine con él. Ella empezó a decirle que había quedado con sus amigas, pero que a cada una le gustaba uno de nosotros. Al final le lió de tal manera que Arrow prometió una cita para todas. Y bueno, ahora parece que a él le gusta bastante a si que decidimos acompañarle. Pero son cuatro pijas que solo saben hablar de ropa y maquillaje y van a hacernos ver una película romántica de adolescentes. A si que no vengáis chicos, id por ahí vosotros, os lo digo como amigo que os quiere.
-Ya pensaremos algo, si ves que te asfixias entre perfumes de señora mayor o te da un beso y te mancha de pintalabios, llámanos y ven con nosotros. - Mocking se rió, pero paró y contestó:
-No quiero interrumpir nada.
-Ya os hemos dicho que no hay nada que interrumpir Mo. 
-No somos pareja ni nada.
-Nos hemos besado un par de veces, pero bueno, ¿y qué?
-Que yo no beso a la gente por besarla chicos -contestó Mock con una gran sonrisa. 
-Piensa eso esta tarde cuando la pija se te acerque a los labios -le dije mientras le abrazaba. - y no le regales esa sonrisa o se tirará a tus brazos.
Quedamos todos en mi casa. Wheels y yo les acompañaríamos hasta donde habían quedado con Ettia y sus amigas y después nos iríamos a patinar. Cuando los tres que faltaban llegaron a mi casa no reconocí a Arrow. Se había puesto una camisa recién planchada y los pantalones que mejor le quedaban. Se había peinado. Pero había algo en sus ojos. No estaban verde intenso, como cabía esperar. Tenían tonos grises. 
Los otros chicos iban también bastante arreglados, comparados con su ropa normal. Los dos con camisa y pitillos. Mocking en cambio llevaba unos pantalones normales y una sudadera. 
Wheels y yo íbamos como él. Cogimos los skates y salimos de casa. 
-¿Vosotros no venís al cine?
-No, vamos a patinar un rato. Si veis que las chicas son insufribles y os aburrís, llamadnos luego y vamos a amenizar la cena. 
-Me dais envidia chicos -contestó Riddle, colocándose la camisa con la que no se veía muy cómodo. 
-Si, si, muy graciosos todos. Pero vamonos o llegaremos tarde. -Arrow empezó a andar dejándonos atrás. Mocking se colocó a su altura y empezó a hablar con él. Mild y Riddle iban detrás repasando que chica le tocaba a cada uno para no equivocarse. Y atrás del todo Wheels y yo. 
Cuando llegamos al parque donde habían quedado, ya estaban allí las cuatro chicas. Al vernos  aparecer a Wheels y a mi con los skates nos miraron asustadas. Los 4 chicos fueron a darles dos besos a cada una mientras Whe y yo saludabamos desde lejos, sin intención de acercarnos. Entonces los chicos se acercaron a nosotros para despedirse y los abrazamos. Al darle un abrazo a Arrow vi que Ettia me miraba con una mueca y las manos en la cintura, como dispuesta a venir a separarnos en cualquier momento. 
Después de despedirnos, ellos dieron media vuelta para encontrarse con las chicas y Wheels y yo poniendo los skates en el suelo nos alejamos rodando. 
Wheels se acercó al parque y al llegar donde empezaban los caminos de tierra, comenzó a andar con el skate en la mano. Yo le seguí un poco por detrás. Cuando estaba casi a su altura, me cogió de la mano y me guió detrás de unos árboles, donde había un banco escondido. 
-Quiero hablar contigo.
-¿De qué?
-¿Has visto como te miraban esas cuatro? Te tienen una envidia tremenda. 
-¿Qué?
-Cada una piensa que te tiras a su posible ligue, estoy seguro.
-Jajaja que tonterías Wheels.
-Ya, son tonterías, porque eres mía. - Dijo acercándome más a el cogiéndome por la cintura.
-Eh, Wheels...
Me acarició el pelo y yo instintivamente puse una pierna encima de las suyas, como hacía siempre. Puso su mano en mi rodilla y quedamos mirándonos de frente. 
-No Wheels. Llevas toda la mañana negandolo.
-¿Qué niego?
-Que sea tuya. 
-No, no niego que seas mía. Niego que estemos juntos. -se inclinó sobre mi y me dio un beso en los labios. Me recordó demasiado al primero que me dio Arrow. - Y quiero que me digas si puedo dejar de negarlo.
Me clavó sus ojos azules sacándome todos mis sentimientos de dentro. Puse mis manos en su cuello y le besé.

lunes, noviembre 26

Capítulo 9.

-¿Wheels? -grité antes de dejarle contestar si quiera.
-Soy yo. ¿Que pasa Gli? -contestó el al otro lado del teléfono.
-¡Wheels! ¡Ya tengo el dinero! He conseguido lo que me faltaba, lo tengo todo. Por fin.
No dijo nada más y colgó. Supe que venía hacia mi casa. Acababa de contar el dinero y aún tenía algunos billetes en las manos. Llevaba ahorrando un año y al fin tenía todo lo que necesitaba para un tatuaje. Mi madre, después de mucho tiempo convenciéndola me había dejado hacerme uno, pequeño, con la condición de que lo pagase yo. Llevábamos mucho tiempo pensando en él. Como era el primero para Mild y para mi, que éramos los más jóvenes, íbamos a hacernos todos uno juntos. Habíamos hecho mil bocetos, añadiendo y quitando cosas y mezclando colores y al final habíamos decidido hacernos todos una tabla de skate. Para acordarnos siempre de nosotros y de lo que nos unió, por muchos años que pasasen. Volví a contar el dinero varias veces para asegurarme y si, estaba todo. Sonó el timbre pero no me preocupé, ya abriría mi madre. Abrí el armario y comencé a elegir la ropa que ponerme. Entonces entró Wheels en mi cuarto con una sonrisa radiante, se acercó a mi y me abrazó levantándome del suelo, mientras sus brazos apretaban más y más mi cintura y su cuerpo se acercaba al mío todo lo posible. Después de un rato me soltó y dijo:
-Vístete rápidamente. Vamos al estudio ya a pedir cita.
-Si, vale perfecto, pero tengo que ducharme primero. ¿Me esperas aquí?
-Date prisa Gli, mientras te elegiré la ropa.
Salí del cuarto riéndome y entré en el baño. Mientras me quitaba la ropa pensaba en Wheels. No habíamos vuelto a hablar de lo ocurrido en mi casa. Todo seguía como de costumbre, a él no se le notaba nada raro. Entonces, ¿de verdad le gustaba yo tanto como decía Arrow? A mi no me lo parecía. Al quitarme la camiseta noté que olía a Wheels. Olía a su desodorante, su colonia, su aftershave y a él en definitiva. Me encantaba ese olor y me recordaba tanto a él. Me duché todo lo rápido que pude y al salir me di cuenta de que no había llevado ropa interior. Me puse un albornoz y entré en mi habitación.
-Wheels, estoy...desnuda.
-Oh, esto va a ser divertido. ¿Y como piensas ponerte la ropa interior? Yo de aquí no me voy a mover.
-Pues dándome la vuelta listo. No vamos a hacer un drama de esto. -Se echó a reir y me pasó unas bragas y un sujetador. - Ponte eso anda.
-Está bien. Que enreda eres, eh. - Me puse las bragas de espaldas a él, sin quitarme el albornoz. Después me lo quité para ponerme el sujetador. Cuando me lo estaba abrochando escuché su voz detrás de mi.
-Qué espalda más bonita Gli. ¿Te piensas hacer aquí el tatuaje? -Dijo mientras cogía los dos extremos del sujetador y me los abrochaba él. Después me pasó las manos por las caderas y las dejó sobre mi tripa, en una especie de abrazo, apretando su cuerpo contra mi. -¿O aquí? -y me dio un beso en el cuello. 
-Ya sabes que me lo voy a hacer en la cadera idiota. -Dije al tiempo que me daba la vuelta y le sonreía.- Venga, dame la ropa que me hayas cogido.
Me pasó unos pantalones y una camiseta. Me los puse, cogí las zapatillas, me peiné y salí por la puerta, dejandole atrás.


-Vaya, seis tatuajes iguales. Bien, pues tengo la tarde del jueves entera libre. ¿Os viene bien?
-Si, si. Perfecto. -dije sonriendo de oreja a oreja.
-Si surge algún problema llamadme. Hasta el jueves chicos. -El tatuador me devolvió la sonrisa mientras salíamos. Ya le conocíamos, le había hecho todos sus tatuajes a los chicos y yo siempre que podía los acompañaba. 
-¿Qué quieres hacer ahora Glim?
-¿Damos una vuelta? Hace mucho calor.
-Venga, te invito a un helado. -dijo al ver la heladería que había al otro lado de la calle.
-Oh, que caballeroso. ¿Me retirarás también la silla para que me siente?
-Si usted lo desea así, señorita.
Cruzamos la calle riéndonos y nos sentamos, no enfrente, como normalmente si no uno junto al otro, muy pegados. Vino una camarera y Wheels se me adelantó:
-Un helado de Kit Kat y otro de limón por favor.
Al poco rato los trajo y Wheels hizo como siempre hacíamos, los mezcló. Comíamos y hablábamos y nos manchábamos mutuamente, pero no nos limpiábamos como habíamos hecho en mi casa. Hasta que él me fue a meter la cuchara en la boca y me manchó por completo.
-Uy, lo siento. Deja que te limpie. -dijo y acto seguido me dio un pico, de una milésima de segundo, tan corto que pensé si de verdad había pasado o lo había imaginado. No intentó nada más, no mencionó el tema, siguió con la conversación normal y me limpió la boca con una servilleta. 
-Vaya chicos que bonito todo. Sois monísimos, pero a la próxima que vayáis donde los tatuajes avisadnos a todos, imbéciles.
Aparecieron los cuatro chicos detrás de nosotros y se sentaron.
-¿Y qué tal les va a la pareja del año?
-Eh...nosotros no...
-No, no...no somos pareja...
-Ya bueno claro, pero vais casi de la mano por la calle, os abrazáis todo el rato, os sentáis juntos a comer helados... hasta ahí podría ser de amigos. Pero os hemos visto el pico, chicos. 
-Eso....esto... ¿ha sido sin querer?- Dijo Wheels y todos reímos.- Bueno no, no ha sido sin querer. Es que llevaba toda la mañana necesitandolo, seguro que sabéis de lo que hablo chicos. Pero no somos pareja ni nada de eso. Somos amigos...
-Si, eso, claro. Pero no os pongáis celosos chicos, sigue habiendo Glim para todos. 
-Bueno, en realidad no. Y sería mejor si fueseis pareja esta tarde. -dijo Arrow.
-¿Qué quieres decir?
-Arrow ha hecho lo peor que nadie habría podido hacer nunca. 
-Tenemos una cita cuádruple. 
Wheels y yo soltamos una carcajada tan alto que la camarera nos miró durante un momento.
-¿Y qué chica se merecería tanto para ti? ¿Y como has conseguido convencer a estos tres?
-Eh, verás... es Ettia.
Oí un crash dentro de mi.


viernes, octubre 19

Capítulo 8.

-Te queremos.
Fue lo único que escuché antes de tenerlos a los dos rodeándome con sus brazos.
-Lo siento, no teníamos que habernos ido. Sabemos que lo has pasado mal, perdónanos. 
-Acabamos de cruzarnos con los chicos. Al irnos fui a buscar a Arrow para hablar con él. No podíamos quedar esto así. Llevamos toda la tarde hablando. Tu no tienes la culpa y ninguno de nosotros tampoco.
-No hay nada de lo que tener culpa.
-Os quiero chicos. -fue lo único que me salió de la boca en ese momento.
-Te adoramos pequeña. 
Al decir Arrow eso empecé a llorar, de alegría, de emoción, de tensión acumulada, no lo se. Wheels me cogió y me llevó al sofá mientras yo seguía llorando en su hombro. 
-Venga tonta, deja de llorar.
-Si patosa, cualquiera diría que te has caído.
Miré a Arrow al decir eso y me guiñó un ojo. Empecé a reírme y las lágrimas se fueron secando poco a poco.
-¿Vas a dormir sola Glim?
-Podíamos quedarnos contigo, ya no son horas de volver a casa. -propuso Wheels.
-Si queréis, tenía pensado dormir aquí, bajad unas mantas y los colchones.
-¡Voy yo! -Se ofreció Wheels. Arrow aprovechó y se sentó a mi lado para hablar.
-Creo que le gustas de verdad.
-¿Eh? -no me enteraba de que me estaba hablando.
-Wheels. Me ha contado que cuando te besó sintió algo que jamás había sentido con nadie, que no quería separarse de tus labios por nada del mundo. Siento haberos interrumpido.
-Oh... A mi también me gustó. La verdad es que no he besado a muchos chicos en mi vida. Y solo a dos queriéndolos de verdad. El es diferente, se ha liado con muchas y tiene tanta...experiencia. Por eso me daba un poco de miedo a dónde pudiésemos llegar. Me jodió, pero a la vez me alivió cuando llamaste al timbre. 
-Si tu solo has querido a dos chicos a los que has besado te aseguro que el solo te ha querido a ti. Creo que lleva por ti bastante tiempo, pero no lo se. No solíamos hablar sobre ti de esta manera, ya sabes, el pacto...
-Si si, ya... La verdad es que con el todo a sido diferente, no se, ha sido muy a la manera de Wheels.
-Te entiendo. Mira, no se si le gustarás desde hace mucho, pero te aseguro que ahora mismo eres lo único que desea. Te quiere no solo como amiga. Y si quieres inténtalo con él. Yo no me voy a poner en medio, eres mi amiga y ya está. Ahora, si te miro cuando vas medio desnuda que no se enfade. -nos reímos y justo bajó Wheels por las escaleras. 
-¿Qué os parece si os hago la cena?
-¿En serio vas a hacer la cena Wheels?
-¿Os apetecen palomitas?
Reímos todos y Arrow y yo asentimos. Wheels dejó las mantas en el sofá y se fue a la cocina.
-Si quieres voy a dormir a casa y os dejo solos.
-No por favor. Quédate.
-Pero ¿no voy a interrumpir?
-No, Ar, te necesito. Creo que si lo voy a intentar. Pero no quiero tener una relación, no se si él pensará igual.
-Arrow, sube a por almohadas -gritó Wheels desde la cocina. Se levantó del sofá y me ofreció una mano para levantarme.
-¿Me ayudas con el transporte?jajaja 
-Claro que sí -sonreí y le revolví el suave pelo negro.

martes, octubre 9

Capítulo 7.

Estaba descolocada. Más que eso. Quería salir corriendo de allí. Gritar. Huir. No volver a verlos nunca. Quería olvidarlos. Pero no podía. Allí los tenía a los dos, cada uno sentado a un lado de mi. Ellos no sabían nada, yo lo sabía todo.
-Bueno, ¿y ese pastel que me dijisteis que ibais a hacer?
Arrow rompió el hielo. 
Estando Wheels y yo en la cama casi desnudos había llamado de repente al timbre. Yo me había puesto corriendo su camiseta y el los pantalones. Y así bajamos los dos a recibir a Arrow, semidesnudos, despeinados y manchados aún de chocolate y harina. Y nadie había dicho nada hasta entonces.
-Al final no ha habido pastel. Puedes comer lo que queda sobre nuestro cuerpo. -ellos dos rieron la broma de Wheels, pero a mi reír era lo que menos me apetecía del mundo. 
-¿Qué te pasa Glim? Estás muy seria. ¿Qué te ha hecho este? 
-¿Eh? Ah nada nada. No se. Me alegra ver que te recuperas bien y sales de casa sin nadie. Pero es peligroso.
-Glimmer, deja eso por favor. Ya puedo hacer vida normal, no hace falta que me lo recuerdes todo el rato. Y como ninguno de los dos me cogía el teléfono no sabía que podíais estar haciendo.
Wheels y yo nos miramos una milésima de segundo. Fue lo suficiente para saber que la estábamos liando y que debíamos arreglarlo pronto o sería tarde. 
-Íbamos a ducharnos cuando has llamado. Pero cada uno en un baño. Separados. Eh, ¿me entiendes no?
-Si Whe, él te entiende, yo te entiendo, todos te entendemos. Ya, para. Tranquilo.
-Estás muy raro Wheels...¿Gli, le has contado algo?
-¿Algo de qué? ¿Hay algo que debería saber?
-Creo que tenemos que contarselo Glim.
Me deshice ahí mismo. Sentí un chorro de agua fría por mi espalda. Me temblaban las piernas, las puntas de los dedos y la voz. No sabía que hacer. Sabía lo que iba a pasar si los dos lo sabían. Ellos se enfadarían. Y también se enfadarían conmigo. Necesitaba huir de allí. Sabía que no podía, pero lo necesitaba. Mis piernas se movieron ignorando la orden de mi cabeza de que estuviesen quietas. Pero al levantarme del sofá, cada uno me cogió de una mano y me volvieron a sentar. Ambos se quedaron mis manos entre las suyas. No tenía escapatoria, tenía que suceder tarde o temprano. A si que me armé de valor y dije:
-Me he liado con los dos. Los dos habéis roto el pacto. Ala, odiaros, odiadme. Haced lo que queráis. 
Me soltaron la mano a la vez. No dijeron nada más. Arrow se levantó y se fue, sin más. Wheels se puso la sudadera sin nada debajo, ya que yo llevaba su camiseta.
-Ya me la devolverás. -dijo, y se largó también. 
Y ahí me quedé yo, sola, sentada en el sofá. De repente tenía mucho frío. La piel desnuda de las piernas se puso de gallina. Gallina, así me sentía. Cobarde. No sabía por qué. Por haber hecho eso. Por no haberlo contado antes. No se.
Me quedé ahí todo lo que quedaba de tarde, como en shock. No hice nada, solo miraba al vacío e intentaba no pensar en nada. Así estuve horas. A mitad de la noche salí de la especie de hechizo en la que estaba. Me puse una camiseta de Arrow encima de la de Wheels, no sabría decir por qué. Los necesitaba a los dos allí conmigo y era precisamente lo que me faltaba. No sabía que hacer, quería hablar con alguien. Pero ¿a quién llamar? ¿a alguno de los otros tres chicos? Iba a liar más las cosas. Pero como experta en eso, les mandé un mensaje a los tres, poniendo exactamente lo mismo. Diciéndoles que si podían venir a mi casa. A estas horas. Iban a matarme. No sabía si alguno se presentaría, ni si quiera si contestarían al mensaje. Pero esperé y en menos de veinte minutos llamaron al timbre. Abrí la puerta y allí estaban los tres. Al verlos, algo de mi respiró aliviado. Pero otra parte de mi se deshizo en nervios. ¿Cómo iba a explicarles lo que había pasado?
-Gracias por venir, pasad al sofá, anda.
Se sentaron los tres en el sofá y yo en un sillón en frente. 
-¿Qué te pasa a estas horas tan importante Glimmer?
Silencio.
-Gli, cuéntanos anda.
Más silencio.
-¿Y cómo a Arrow y a Wheels no les has dicho nada de que viniesen?
Rompí en lágrimas. Todas las que no había soltado esa tarde y que me estaban presionando en el pecho y casi no me dejaban respirar. Escondí la cara entre las rodillas, no me gustaba que nadie me viese llorar. Nadie, ni siquiera mi madre. De ellos solo me había visto Arrow. Mild que estaba sentado en medio se levantó, se agachó junto a mi y me puso la mano en el hombro. Levanté un poco la cabeza para mirarle y aprovechó para limpiarme una lágrima de la mejilla. Me cogió y me sentó entre Mocking y Riddle. Mocking me cogió las manos suavemente, pero sabía que lo hacía para que no pudiese taparme más la cara. Riddle me pasó una mano por los hombros y me dio un beso en la mejilla, húmeda por tantas lágrimas.
-Me he liado con los dos. Han roto el pacto. Pero por favor, si os enfadáis con alguien que sea conmigo, no con ellos. Por favor.
Hubo un momento de silencio. Mocking me cogió más fuerte las manos y me las acarició. Mild se acuclilló delante de mi y se apoyó en mis piernas y me hizo una suave caricia. Y Riddle me plantó otro beso en la mejilla. Los miré uno a uno y me sonrieron los tres.
-No pasa nada.
-Sabíamos que esto algún día iba a pasar.
-El pacto en el fondo era una tontería.
-Estaba hecho por que todos pensábamos que no íbamos a ser a quien eligieses. Ese pacto era puro egoísmo, no por el grupo. Somos más fuertes juntos que cualquier chica.
-Aunque esa chica sea la mejor del mundo.
Al decir eso, Riddle esbozó la sonrisa mas bonita y sincera que jamás le había visto. Me abrazó y después se unieron los otros dos. 
-Muchas gracias chicos. Sois los mejores. Es muy tarde, deberíais estar ya en casa. Siento haberos hecho venir a estas horas. Si queréis iros ya, mañana hablaremos con más detenimiento.
-¿Vas a dormir sola? ¿No están tus padres? 
-Si, pero creo que es lo que necesito. No os preocupéis. 
-Si necesitas algo llámanos. ¿Vale?
-Y no pienses más en eso. Duérmete.
-Así mañana lo verás todo mucho más claro.
Nos levantamos del sofá y me volvieron a abrazar los tres. Los despedí desde la puerta, cerré y me subí a por la almohada y una manta, dormiría en el sofá. Pero justo cuando estaba colocando la manta volvieron a llamar a la puerta. Pensé que había sido alguno de los chicos que se habían olvidado algo.
Pero no. Al abrir allí estaban dos pares de ojos, dos azules y profundos como el océano y dos verdes e intensos como un bosque. Me daban miedo los dos. Y los míos parecieron cristalizarse.

domingo, septiembre 2

Capítulo 6.

No volvimos a hablar del tema, ni a la mañana siguiente ni en todos los días de esa semana. Todo era como antes, nada había cambiado. Y aunque yo no podía olvidar lo que había pasado aquella noche no tenía necesidad de volver a repetirlo. Ninguno de los chicos se había enterado y yo pensaba que era algo que debían saber. No me gustaba ocultarles cosas a ellos, se lo contaba todo. Y por eso decidí hablar con Arrow.
-Creo que debemos contárselo a los chicos.
-No es buena idea Glim.
-¿Por qué? En nuestro grupo no hay secretos, nos lo contamos todo. No me siento bien habiendo hecho algo que ellos no saben.
-No Glimmer, no puedes. No entiendes el efecto que causas sobre la gente.
-¿Qué quieres decir?
-Que tu no te das cuenta de nada, ¿verdad? No sabes como te miran cuando vamos por el instituto o por la calle. Y no sabes con la envidia que nos miran a nosotros cuando vamos contigo. 
-¿Insinúas que le gusto a los chicos?
-Mucho. Y no es que lo insinúe, es que es la verdad. Tu no te das cuenta de nada, pero es así. 
-Si tanto les gusto a todos ¿por qué ninguno se me acerca a decirme algo o ninguno me pide salir o hace tanto que no me lío con nadie?
-Por que les das miedo. Impones respeto. Creen que no te relacionas con nadie mas que con nosotros y que no saldrías con alguien como ellos. Te tienen como en un pedestal.
-¿Qué tonterías estás diciendo Arrow?
-No son tonterías, es la verdad.
-Y si lo fuese, ¿qué tiene esto que ver con los chicos?
-Que nosotros no somos una excepción. Te conocimos cuando eras una niña, pero has ido creciendo y has crecido bien. Y somos hombres, nos damos cuenta de esas cosas. Y cuando nos dimos cuenta de esto hicimos un trato entre nosotros, que ninguno intentaría nada contigo por no joder el grupo. Y hasta ahora lo hemos cumplido todos, todos menos yo.
-Yo pensaba que...
-Tu pensabas que eras como un chico más, si. Y todos intentamos que sea así. Pero si una chica se nos pasea por delante en bragas y sujetador, y más si esa chica eres tú...
-Pero si yo...
-Glimmer, te repito que has crecido, déjalo así. 
-¿Entonces tengo que ir siempre tapada? -de repente noté que efectivamente estaba en bragas y sujetador.- Lo siento.
-No, no pasa nada, puedes ir como quieras. Pero si ves algo extraño no te asustes, siéntete halagada.
Me hizo reír tanto como solo él sabía. 
-¿Sabes qué? Olvidando lo tuyo, hace mucho que no tengo contacto masculino. 
-¿Y qué quieres, que te busquemos un novio?
-Un novio no, pero algún lío no estaría mal...-nos reímos juntos.
-Ven aquí. -me dijo mientras me abrazaba. Y noté eso extraño de lo que me hablaba. Solté una risa y el se dio cuenta.
-Lo siento mucho, es que mírate, ahí semidesnuda y yo sin camiseta y...
-Arrow, Arrow, para, no te preocupes. No pasa nada.



Estaba en mi casa esperando a Wheels, nos aburríamos y le había invitado a merendar, jugar a la play y esas cosas, ya que estaba sola. Llamó al timbre y fui a abrirle únicamente con una de mis camisetas anchas que anteriormente les había pertenecido a ellos. 
Nada más abrir se me tiró encima literalmente y ambos caímos sobre la alfombra riendo. 
-¿Te has hecho daño? -preguntó.
-No, no pasa nada. -dije yo entre risas.
-¿Tienes hambre?
-Pues un poco.
-¿Y si hacemos un pastel para merendar?
-Vale, luego podemos invitar a los chicos a que prueben nuestra alta cocina jajaja.
Fuimos a la cocina y comenzamos a hacer el pastel. Estaba echando la harina y Wheels empezó a hacerme cosquillas, por lo que sin querer tiré el paquete a la encimera y la harina salió volando quedándome blanca.
-Te parecerá bonito. Ahora tengo que ducharme otra vez.
-Tranquila, ya me ducho yo contigo jajaja.
Me reí, pero mientras pensaba en todo lo que me había dicho Arrow. Nunca me había fijado en  los chicos como nada más, hasta esa conversación que tuvimos. Había llegado a la conclusión de que Wheels podía llegar a atraerme. Los demás también, la verdad es que eran todos muy guapos, y tenían buen cuerpo. Pero me encantaba la energía de Wheels, era algo atrayente. Aunque Arrow... No, Arrow había quedado claro que no quería nada más ni volver a hablar del tema. Estaba segura de que no pasaría nada con el trato, yo no le había hecho.
Para devolverle la de la harina unté el dedo en chocolate fundido y se lo puse en una mejilla a Wheels y luego en la otra.
-Glimmer, por favor...jajaja.
Me cogió por la cintura y me sentó en la encimera. Se puso delante de mi, entre mis piernas, giró la cara y me dijo:
-Ahora me vas a limpiar los mofletes. -Yo les di dos lametazos, uno a cada mancha de chocolate.- ¿A si? -Contestó. Cogió el bol de chocolate y me manchó la punta de la nariz, para luego limpiármela con la lengua. Así estuvimos un rato echándonos chocolate mutuamente por los brazos, los hombros, las mejillas, la nariz, la barbilla... Hasta que el ritmo cambió. Se acabaron las risas, nos quedamos mirándonos. Le tocaba a Wheels, cogió chocolate y me puso un poco en la parte de arriba del pecho, lo poco que dejaba ver mi camiseta. Luego en el cuello, un poco más arriba... Yo iba siguiendo sus movimientos, pero en su cuerpo. El chocolate cada vez me sabía mejor. No sabía hasta donde iba a llegar Wheels. Le volvía a tocar a el. Cogió chocolate pero en vez de ponerlo en mi cuerpo lo puso en el suyo, en sus labios. Era la prueba. El no iba a hacer nada si yo no quería, me iba a dejar a mi manejar la situación. Mientras decidía que hacer me puso la mano en la espalda y con la otra me apartó el pelo de la cara suavemente y cogiéndome por la barbilla me levantó la cabeza. Yo me decidí, le pasé las manos por el cuello, rodeandole y le di un beso sencillo, corto y pequeño. Al intentar separarme me atrajo de nuevo con las manos que tenía en mi espalda y me besó esta vez el. Un beso apasionado y largo, un gran beso. Le rodeé el cuerpo con las piernas mientras se pegaba más y más a mi y continuábamos besándonos. Me transmitía toda su energía tan característica. 
-¿Vamos arriba?
-Si.
Dijimos entre beso y beso.
Fuimos a mi habitación, pero antes dejamos la ropa manchada de chocolate y harina en el baño. Se tumbó en la cama y yo encima de él y continuamos besándonos. Mis manos recorrían todo su cuerpo y las suyas todo el mío, excepto las partes que tapaba la ropa interior que llevábamos. De repente paró y me dijo:
-Gli, hay un pacto...
-Ya se lo del pacto, y no deberíais haberlo hecho. Sois muy buenos amigos, podéis superar esto y mucho más.
-En ese caso...
Continuo besándome de esa manera que me había hecho volverme loca. Sentía sus cálidas y pegajosas manos por todo el cuerpo. Quería más.
-Glim, ¿hasta donde vamos a llegar?
-No se... -le sentía debajo de mi, todo su cuerpo suave, caliente y en tensión. Bajo sus manos hasta mis caderas, de ahí por mis piernas, mis muslos. -Tu sigue. -fue mi contestación. 
Y él siguió.

sábado, agosto 11

Capítulo 5.

Habían pasado dos meses desde aquello. A mi me seguía atormentando por las noche, tenía muchas pesadillas. Pero al despertar recordaba que todo había salido bien y Ar estaba mejor que nunca, muchas veces durmiendo a mi lado. Era verano, pero el todavía no podía moverse mucho por lo que nosotros pasábamos la mayor parte del tiempo en su casa, sobre todo yo.
Sus padres se habían ido de fin de semana y yo me había ofrecido voluntaria para cuidarle y estar con él todo el tiempo. Era un gran sufrimiento.
-Arrow, come, por favor.
-¿Me vas a obligar?
-Pues si, abre la boca.
-No quiero.
-Venga que ya no te duele, no vengas con esas. Hazlo por mi.
-Te das cuenta de que ya hemos tenido esta conversación al revés, ¿no? -Me sentí avergonzada y dejé en el plato la cuchara que intentaba meterle en la boca. Miré hacia otro lado.- Lo siento.
-Te dije que no hablases de eso. Por favor. No comas si no quieres, pero será peor para ti.
-Vamos, quita esa cara de mandona y ven aquí. Lo único que necesito es abrazarte.
-Estás muy tonto últimamente. -me reí, me senté a su lado en la cama y le abracé.
Desde su operación habíamos pasado más tiempo juntos que normalmente. Solo iba a mi casa a veces a dormir y comer, cuando me obligaba a dejarle un rato solo. Había notado mucho cariño físico entre nosotros, más que de costumbre. Me abrazaba a la mínima oportunidad, me acariciaba el pelo, la espalda, la cara y casi siempre tenía una de mis manos entre las suyas. A mi no me importaba. Me gustaba querer a Arrow, solo como amigos. No me atraía o al menos yo nunca había pensado que pudiese llegar a atraerme. Era como un hermano, nunca iba a llegar a ello. Hasta ese momento.
-Glimmer, tenemos que hablar...
-Dime. -No me gustaba el tono de sus palabras.
-Esta noche me ha gustado dormir contigo. Quiero decir, abrazados. Aunque yo no llevase camiseta ni tu pantalones. ¿Te has sentido incómoda?
-No, ya sabes que contigo nunca me siento incómoda. A mi también me ha gustado.
-Ya, pero... quiero decir de otra manera. No me ha gustado... como me gustaría con una amiga... ¿entiendes?
-Eeeh, creo que sí... -¿Qué estaba ocurriendo? ¿Le gustaba a Arrow? ¿Solo le atraía sexualmente? -No se, creo que es normal que a un hombre le guste dormir abrazado a una chica semidesnuda. Aunque nunca pensé que a nadie le pasase conmigo. -reímos un poco.
-Si, si es normal. ¿Por qué no iba a pasar?
-No considero que mi cuerpo en general sea para ello. Y nunca me he planteado dormir con un chico. Con vosotros todo es...diferente.
-Tu cuerpo es para ello y para más, créeme. ¿Cuántos años hace que no te miras en un espejo? Bueno, teniendo en cuenta que no te peinas por las mañanas... -me contagió su carcajada.- Y seguro que te lo planteaste. Cuando te gustaba ese chico hace dos años. 
-No me planteé más que besarme con él y no conseguí nada. Me miro todos los días, para tu información. Y no es para ello.
-¿Por qué? ¿Hay algo que no te guste?
-Pues no se. ¿Todo? Mis pies, mis manos, mi espalda...¿la grasa de mis muslos?
Yo no llevaba pantalones. Al decir aquello deseé tener unos puestos. Él me acercó la mano y la puso sobre uno de los muslos que tan poco me gustaban. Cogió suavemente la carne y la acarició.
-Esto, esto es lo más bello que tienes. A mi me encanta. Me recuerda que hice un trabajo perfecto.
Deslizó la mano hasta mi cadera y después hacia la espalda. Con la otra me apartó el pelo de la cara y me acarició suavemente el cuello. Yo estaba muy nerviosa, no sabía que hacer, si apartarme o dejarme llevar. Me dio un beso en el cuello, otro un poco más arriba, otro en la mejilla y otro tan cerca de la boca que casi rozó la comisura de mis labios. Nos quedamos ahí un momento, respirando uno el aire del otro y suavemente se inclinó hacia mi y me dio un beso. Duró menos de 5 segundos, ni siquiera se abrieron nuestras bocas y se separó, para quedar en la misma posición que antes. Sonrió una milésima de segundo y se echó hacia atrás corriendo. Me miró muy serio y me dijo:
-Lo siento Glimmer.
-No, no lo sientas. No pasa nada. Tranquilo.
No sabía que decirle. ¿Que quería más? ¿Que por qué se había separado? ¿Que por qué había hecho eso? ¿Que qué iba a pasar ahora? ¿Que me había encantado?
Nunca había besado a nadie queriéndole. Esto era lo más parecido. Pues no estaba tan mal, un beso con amor...
-Hagamos como si no hubiese ocurrido.
-Mmm, vale...
Pero su mano continuaba en mi espalda y me acariciaba de una manera demasiado irresistible. Le cogí la mano libre y la puse cerca de la otra. Me senté ahorcajadas sobre él y le rodeé el cuello con las manos. Le miré a los ojos y sonreí.
-Te quiero. -dijo.
-¿Pero de qué manera? ¿Cómo amigo?
-Pues sí, supongo. No lo se.
Le besé en el cuello suavemente. Noté como su piel se ponía de gallina y se le erizaban los pelos más cortos. Sus manos se deslizaron más abajo, demasiado abajo, pero no me importó. Le di un beso y me separé, pero el volvió a juntarme y estuvimos largos minutos besándonos. Le mordí el labio y me separé un poco de el. Con su labio entre mis dientes le sonreí y el me besó, a pesar de que ya estaba haciéndole daño. Le solté y me separé un poco. Me di cuenta de que habíamos acabado tumbados al deslizarnos desde la posición que teníamos sentados. El sobre la cama, yo encima de el. Nos besamos un poco más, me retiré de encima de su cuerpo y acurrucada a su lado nos quedamos dormidos abrazados. Esa noche no tuve pesadillas.

viernes, junio 29

Capítulo 4.

Me quedé bloqueada. No sabía que hacer, mi mente estaba totalmente en blanco. De pronto la situación tomó un primer plano en mi cabeza y me entró el pánico. Quería irme, quería salir de allí corriendo, alejarme lo más posible, esconderme y no volver nunca. Pero eran tonterías. Corrí a buscar ayuda por toda la casa, pero no había nadie. Perfecto, toda la responsabilidad para mi. Volví a la habitación y empecé a zarandear a  Arrow y a gritarle:
-Ar, Ar, ¡AR! Por favor, despierta. Si esta es una de tus bromas no tiene gracia para nada, que lo sepas. Arrow por favor...
No respondía, ni siquiera se movía. Me temí lo peor. Me acerqué a el y puse el oído en su pecho. ¿Se movía el corazón? No sabía, no podía distinguirlo. No me estaba quieta y mi respiración agitada no me dejaba escuchar bien.
Tenía miedo, mucho miedo. Pensé en llamar a los chicos, a sus padres, a los míos... Pero finalmente llamé a una ambulancia.
-Sí, estábamos hablando y de repente se desplomó. No, no se si tiene algún problema. Bueno, justo antes de desmayarse me había contado que tenía algo del corazón. Sí, está bien, el número 42. Dense prisa, por favor.
No sabía cuanto iba a tardar la ambulancia, esperaba que poco, pero como no tenía nada que hacer, pensé que a él no le gustaría ir a un hospital en ropa interior, por lo que le puse una camiseta y unos pantalones. Me sentía muy extraña vistiendo a un chico desnudo y desmayado. De pronto llamaron al timbre. Bajé corriendo y guié a dos enfermeros con una camilla hasta su cuarto. Le colocaron encima y le bajaron.
-Pero, ¿no le vais a examinar antes de llevarle o algo?
-No podemos arriesgarnos. Si es algo importante, ya nos está faltando tiempo.
Le subieron a la ambulancia y yo subí detrás. Allí había un médico que comenzó a examinarle mientras el conductor arrancaba.
-Ponerle oxígeno, rápido. El corazón late bien, pero los pulmones tienen dificultades para funcionar. ¿Nunca le ha pasado nada parecido?
¿Me estaba hablando a mi? Me había quedado mirando a Arrow y no me estaba enterando de nada. Si, por supuesto que me hablaba a mi, porque todos me miraban excepto un enfermero que le estaba poniendo oxígeno.
-¿Perdón?
-Decía que si nunca le ha pasado nada parecido.
-No, que yo sepa no.
-¿Practica algún deporte?
-Si, hace skate y juega al basket. También corre normalmente algunos kilómetros.
-Ajam...
El médico se quedo mirándole. Le abrió un ojo y le apuntó con una linterna y después repitió lo mismo en el otro.
-Ya hemos llegado, doctor.
-Que lo ingresen de momento. Y que se ocupen de él en seguida, por favor. Puedes ir con él si quieres. Supongo que querrá ver a alguien conocido cuando se despierte.
Salí de la ambulancia y no me separé de la camilla hasta que le dejaron en una habitación individual. Me senté en una silla y esperé.
Llegó una doctora muy joven y muy guapa. Estaba segura que me sonaba de algo. Tenía unos ojos color miel tan característicos...
-¡Oh dios mío, Arrow!- Gritó en cuanto le vio. Entonces caí.
-¿Eres la hermana de Mild, no?
-Si y tu eres Glimmer. Espera, ahora mismo hablamos. Él corre más prisa.
La observé mientras corría por la habitación tomándole el pulso, escuchando su respiración, examinándole los ojos como había hecho el otro doctor... Finalmente le puso una vía y una mascarilla de oxígeno. Le sacó un poco de sangre y salió un momento del cuarto. Luego regresó y se sentó al lado de mi.
-Cada día que te veo estás más guapa. ¿Cuántos años tienes ya?
-Oh, gracias. Tengo 15.
-Ah cierto, tenías uno menos que Mild. Y Arrow uno más, por lo que tendrá 17.
-¿Qué le pasa?
-De momento parece que nada. Es como si simplemente estuviese dormido, pero no reacciona. Es un tipo de coma, para que lo entiendas.
-¿Pero está bien, no? ¿Le va a pasar algo?
-No lo se. He mandado analizar la sangre y ahora me traerá su ficha, por si tiene algún problema que conste en ella.
-Sí, ami me dijo algo del corazón. Justo antes de desmayarse. Le estaban haciendo todavía pruebas, a si que no se si ya habrán puesto algo.
-¿Los chicos lo saben? ¿Y sus padres?
-No, estábamos los dos solos en casa... Tendré que ir a llamarlos, ¿no?
-Sí, creo que será lo mejor.
Sus padres aparecieron por allí a los diez minutos, bastante preocupados, pero intentaban aparentar que no. Me dijeron que había sido fuerte y que había actuado muy bien. Cinco minutos después aparecieron los chicos. Sus padres nos dijeron que fuésemos a tomar algo a la cafetería y yo les pusiese al día. Eran las 2 de la madrugada más o menos. La verdad es que no nos apetecía tomar nada, pero aún así lo pedimos.
-Glim, se pondrá bien, no te preocupes. -Me dijo Wheels mientras me abrazaba.- Te lo prometo.
La conversación fue bastante triste comparada con la que habíamos tenido horas antes. Ninguno tenía realmente ganas de hablar, pero ami me tocó hacerlo para explicarles lo que pasó desde que llegué a su casa. Estuvimos ahí cerca de media hora y decidimos volver a subir.
-Nos han confirmado definitivamente lo del corazón. Tienen que operarle mañana. Si queréis iros a casa a descansar, tenéis clase dentro de unas horas. -Nos dijo su madre con los ojos llorosos.
-No, nos quedamos. Podemos hacer turnos para que algunos duerman algo. Mañana iremos a clase y luego volveremos. -Rid nos había leído el pensamiento a todos.
-Está bien. Nosotros vamos a tomar un café, dentro de un rato subimos.
Fueron dos horas dolorosas e insufribles. Nadie hablaba, solo le mirábamos. Cuando dieron las siete y fuimos a casa a prepararnos fue realmente un alivio.
En el instituto estuvimos todavía más separados del resto de la gente. En el recreo nos sentamos alejados de todos, pero muy cerca de nosotros. Manos en las espaldas y en las cabezas en señal de apoyo y abrazos. Siempre habíamos estado muy unidos, pero ahora lo necesitábamos más. Antes de irnos, pasamos por mi casa, que era la más cercana, hicimos unos bocadillos y fuimos al hospital.
-La operación ha sido un éxito. En media hora se despertará de la anestesia y dentro de poco le tendréis de nuevo en casa. -Las palabras de Anne, la hermana de Mild, fueron como una bebida energética para todos. Se nos iluminaron las caras y había indicios de sonrisas.
Estábamos en la habitación, con la cama rodeada de sillas. Yo era la que más cerca de Arrow estaba, y le acariciaba el pelo, mientras miraba por la ventana. De pronto escuché:
-Buenos días princesa.
Miré hacia abajo y vi la cara dolorida y cansada de Ar, con un intento de sonrisa en ella. Cada vez que sonreía hacía una mueca de dolor.
-Me duelen los puntos. -Dijo en voz baja. -Pero que más da.
Me cogió y me acercó a él. Me dio lo que se pudo interpretar como un abrazo, pues hacía movimientos raros por el dolor. Entonces todos dejaron lo que estaban haciendo y se acercaron más a el, con sonrisas radiantes en sus caras.
-Chicos, gracias por estar aquí todos.-hizo una pausa. -Glim, no se lo que ha pasado, pero se que estaba contigo y no había nadie más en casa y se que ahora mismo estoy recién operado del corazón. A si que, gracias por evitar que me muera. Te lo debo todo.
-No Ar, no. Yo te lo debía. -Le dije mientras le guiñaba el ojo.


lunes, junio 4

Capítulo 3.

-No le puedo aguantar más, un día de estos le mato, lo juro.
-Venga Gli, calma, tenemos que averiguar que le ocurre.
Estábamos en mi casa tomando un chocolate caliente después de llevar dos horas patinando bajo la lluvia. Todos menos Arrow. Hacía una semana y media que no iba a patinar y no quedaba con nosotros. Solo le veíamos a veces en el instituto, pero siempre nos despistaba y desaparecía. Wheels intentaba calmarme, no aguantaba que Arrow, precisamente él, no me hablase y me evitase. Y eso, sumado al estrés de los exámenes finales, hacían de mi una mezcla explosiva.
-Es que no entiendo que narices le puede estar pasando, para ni siquiera querer vernos. Si de verdad somos sus amigos debería contárnoslo, ¿no creéis?
-¿Cómo que si de verdad somos sus amigos? Por favor, eso ni lo dudes. -Contestó Mock muy serio.
La situación en si era divertida. Todos rendidos, tirados por el suelo, la cama o las sillas de mi habitación, con poca ropa, ya que se estaba secando, algunas mantas e intentando que no se nos cayese el chocolate mientras gritábamos alterados. 
-¿A qué hora os vais a ir? -pregunté.
-¿Nos estás echando? -dijo Riddle, sin pretender ser gracioso, pero hizo que todos riésemos. 
-No, cuando os vayáis voy a ir a su casa. Ahí no puede huir de mi.
-¿Y si no está?
-¿Dónde va a estar? En el skate park no, llevamos ahí toda la tarde. Y el no suele ir a ningún otro sitio solo. A menos que esté con alguien...de todos modos, pienso averiguarlo.
-Intentaría detenerte, pero eres demasiado cabezona. Bueno chicos, ¿nos vamos? -sugirió Mild. Todos comenzaron a vestirse.
-Yo debería estar haciendo un trabajo. Adiós señorita, hasta mañana. -Wheels se despidió haciendo una reverencia, me cogió la mano y le plantó un beso. Yo solté una risa tonta.
-Un placer hacer negocios con usted. -Mocking le arrancó mi mano de entre las suyas a Wheels y la agitó efusivamente. 
-Yo podría haber tenido unos amigos normales. Pero no, me tocaron estos. -todos comenzaron a reír.
-Hasta mañana pequeña. -Dijo Riddle con una sonrisa en la boca todavía. Y acto seguido todos salieron de mi habitación pronunciando una avalancha de adioses. 
Esperé a oír que la puerta de la calle se cerraba y los vi marchándose desde mi ventana. Cogí una sudadera, me puse las zapatillas y salí por la ventana. Pisaba exactamente en los sitios que hacía más de dos semana que no pisaba Arrow. Me sentía vacía. Claro que los necesitaba a todos y cada uno y me faltase el que me faltase no estaría completa. Pero con Arrow la cosa iba más allá. Tenía una relación especial conmigo. Podría decirse que era mi mejor amigo, aunque no me entusiasmasen esas palabras, pero mejor amigo se quedaba corto para él. Hermano. Hermano también se quedaba corto. Los demás correspondían más a aquella definición. Me protegían, me aguantaban, bromeaban conmigo... Pero ninguno se escapaba todos los fines de semana y se colaba en mi cuarto. Ninguno me había soportado noche tras noche un verano entero mojando con lágrimas sus hombros por un chaval. Ninguno me había dejado verle desnudo y ninguno me había visto desnuda. Ninguno excepto Arrow. Lo nuestro iba más allá. Llegaba a unos niveles de confianza, compañerismo y entendimiento que nadie había tenido nunca conmigo. Y eso era lo que yo añoraba.
Con el mayor silencio que me permitían mis zapatillas aplastando el agua de los charcos recién formados llegué a su casa. Hacía esquina y justo enfrente de la ventana de Ar había una farola que casi nunca lucía, perfecta para subir apoyándose en ella y en la pared. En menos de un minuto estaba arriba tamborileando con mis dedos en el cristal lleno de gotitas de agua. La ventana se abrió y antes de mirar nada o a nadie pasé, me quité las zapatillas y me senté en la cama. 
-Me lo vas a contar. Ahora mismo o dentro de tres horas. Pero no saldré de esta habitación sin una explicación.
-Glim, lo siento... -Fue lo único que escuché antes de que su cabeza se hundiese en mi hombro. Lo noté humedecerse en seguida. Estaba llorando. Arrow, el más maduro de todos, aunque de los más jóvenes, el que siempre nos decía que no merecía la pena llorar por nada, el que siempre tenía una sonrisa para nuestras lágrimas, el que nos había visto llorar a todos, pero a él no le había visto nadie. Ese Arrow, mi Arrow estaba llorando. Si no fuese por que la camiseta cada vez se me pegaba más al hombro de lo mojada que estaba no me lo hubiese creído. Y en ese momento solo un pensamiento rondaba por mi cerebro: ¿Qué cosa tan fuerte habría hecho romperse a esos ojos inquebrantables?
Lo abracé con toda la fuerza que me permitieron mis brazos. Lo sentía como algo a lo que tenía que proteger. Me sentía culpable la verdad. No sabía cual era el motivo de aquel llanto, pero yo le había hecho derrumbarse en ese momento. Me entraron ganas de llorar a mi también, pero me contuve. 
-Ar, mírame. Deja de llorar y dime que te pasa. -No se movía. Seguía en la misma posición y no parecía por la labor de hablar. Me pregunté que habría hecho mal yo.
-Por favor... - Pensé que me iba a derrumbar yo también y la voz se me quebró en la última sílaba. Eso fue lo que le hizo reaccionar; se secó corriendo los ojos en mi camiseta y me miró directamente a los míos. 
-Ayúdame. Por favor. Te necesito más que nunca.
-Sabes que siempre estoy aquí, pero si no me llamas ni contestas a mis mensajes, no sales y me esquivas por los pasillos, ¿cómo esperas que te ayude? -perdí un poco el control, los nervios y la rabia me dominaron.
-Lo siento...es solo que no podía aceptarlo. Pensé que no era verdad. Y que sí nadie lo sabía sería menos verdad todavía.
-¿De que hablas Ar? No me asustes, por favor... -sus ojos se clavaron en los míos. Estaban de un verde grisáceo que nunca había visto. Estaban como...rotos. Se que no es la mejor definición y probablemente no os enteréis de como estaban realmente. Pero era la palabra que me inspiraban.
-Tengo un problema. En el corazón. Probablemente no pueda volver a patinar nunca y tendré que estar menos tiempo contigo y con los chicos.
Dicen que los ojos son el espejo del alma. Y efectivamente, los ojos de Arrow estaban rotos, porque reflejaban perfectamente a su alma, partida por la mitad. Un capricho del destino le estaba arrancando de sus brazos a tirones las dos cosas que más quería y deseaba en el mundo: su tabla y sus amigos.
-¿Pero como...? -no me dejó acabar la pregunta, aunque tampoco sabía muy bien como hacerlo.
-Os necesito Glim...- Se apoyó en mi hombro, rebotó y cayó inconsciente sobre la cama.

martes, mayo 29

Capitulo 2.

Riddle se encendió un cigarro. Fumaba muchísimo, tenía más alquitrán en su cuerpo que una carretera. Wheels le pidió uno y comenzó a fumar también. Mientras Mocking examinaba como Arrow practicaba un truco una y otra vez yo empecé a toser. La alergia me dejaba medio muerta y el humo del tabaco solo empeoraba las cosas.
-No echéis aquí el humo, que Gli se nos muere -dijo Mild saliendo en mi defensa. Creo que Mild era el que mejor me trataba de todos. Es decir, todos me trataban muy bien, pero él siempre salía en mi defensa, siempre intentaba protegerme, a pesar de ser el más joven y tener solo un año más que yo. Siempre con una palabra de apoyo en la boca dispuesto a sacarte una sonrisa. Sus ojos claros surgían más efecto que cualquier tranquilizante del mundo. Siempre se le veía calmado, para ti, excepto cuando empezaba a darle vueltas al aro que tenía en su nariz, del que yo tenía su pareja en mi oreja izquierda, que era cuando todos notábamos que estaba nervioso o preocupado, pero eso ocurría muy pocas veces. 
-Lo sentimos Glimmer- dijo Riddle.
-Entonces, ya ni hablamos de fumarte uno, ¿no?- Todos reímos con la broma de Wheels. Creo que es el más fácil de describir junto con Mo. El típico chico de 18 años recién cumplidos con su perfecto pelo rubio y sus perfectos ojos azules. Sus perfectos hombros llenos de tatuajes y su perfecta energía que nadie sabía de donde la sacaba. Para aguantar su ritmo durante todo el día los demás debíamos bebernos una o dos bebidas energéticas. Era todo pura adrenalina. En cambio Riddle no sabría por donde empezar. Podría describir su pelo, negro, que jamás se movía un centímetro de su sitio. Podría describir su cuerpo, quizás el más musculoso de todos los chicos. Podría describir sus ojos. Bueno no, no podría describir sus ojos de ninguna manera de la que os hicieseis una idea de como te atrapaban, de como te hundías en ellos. Eran de un negro tan profundo que te perdías y no podías salir sin ayuda. Y de su personalidad tampoco podría describir mucho. En una palabra, misterioso. Era el más mayor de todos, con 19 años y medio. Si él no quería no te enterarías ni una palabra de lo que hablaba, ni el sentimiento que mostraba su gesto en cada momento, ni lo que quería expresar. Pero cuando quería lo decía todo claramente. Era una persona realmente extraña, pero no por ello peor amigo que los demás. 
De repente Arrow se cayó y se quedó sentado, mirando atónito a la herida que sangraba en su rodilla y machaba la parte baja de las calzonas. Mocking fue corriendo a ayudarle y yo comencé a sacar algodón, alcohol y tiritas de mi mochila, donde siempre llevaba algunas cosas, ya que eramos muy dados a hacernos heridas. Mo le levantó y Wheels, al ver que no podía andar bien, fue también a ayudarle. Entre los dos le trajeron y le dí un algodón mojado en alcohol para que se desinfectase. Mientras él daba pequeños suspiros de dolor, Mo se reía.
-Te dije que no pusieses así la pierna, pero como nunca me haces caso.
-Es muy fácil decirlo¡AH!- yo, harta de ver que apenas se tocaba la herida con el algodón lo cogí y empecé a apretárselo fuerte, lo que le provocó más escozor.
-Eres un quejica y una nenaza.- me burlé.
-Claro que sí, pero no más que tú, patosa.- Le dí un toque muy fuerte con el algodón en respuesta, lo que le hizo soltar un grito.
Mientras tanto, Mo, agachado a mi lado examinaba mis movimientos. Mocking, en realidad era un chico tranquilo. Siempre estaba bromeando, siempre. Sus ojos marrones tenían una pequeña chispa, que, junto a su sonrisa, nunca se iban. Su gran sonrisa, casi tan grande como su corazón. Siempre tenía un hueco para ti, ya fuese para llorar o reír. 
-Patoso. -Le susurré a Arrow cuando acabé de limpiarle la herida. Él, con cara de ofendido me dio un pequeñísimo empujó, pero que dada la postura en cuclillas que yo tenía, me desestabilizó totalmente y caí encima de Mo que estaba sentado a mi lado. El me abrazo y me dijo:
-Gli, tienes que tener más cuidado, o te harás daño. -me guiñó un ojo y yo reí. 
-Venga Mocking, deja de ligar, que Glimmer es de los 5. -bromeó Wheels.
-Cierto Mo, venga, vamos y a casa que me cure bien esto, que mañana madrugamos. -dijo Arrow. 
-Riddle y yo también nos vamos, hasta mañana.- Mild y Riddle siempre se iban juntos porque vivían muy cerca y al lado contrario que todos los demás del grupo. 
-Glim, te acompaño a casa y me das la sudadera que te dejé ayer ¿vale?- sugirió Wheels.
-Me parece perfecto.

De camino a casa, Wheels y yo solos, él por fin preguntó:
-Glim, ayer por la noche Arrow estuvo en tu casa como siempre ¿no?
-Si, ¿Por qué?
-Se le veía bastante raro hoy, no ha hablado casi y ha estado mucho rato practicando solo. ¿Él te ha dicho algo?
-No, pero supongo que si a mi me lo hubiese dicho a vosotros también, ¿no?
-No te creas, casi siempre nosotros nos enteramos de las cosas después que tu. Él te lo cuenta a ti todo primero.
-Y yo que pensaba que era la última siempre - soltamos una pequeña risa.
-Oye, no os traeréis nada en secreto ¿no?
-Que tonterías Wheels, llevamos casi 3 años así, ¿en serio crees que nos traemos algo?
-No, pero antes cuando Mock y tu os habéis abrazado, se le han puesto los ojos grisáceos. Aunque podría ser por el tiempo o algo, no me hagas mucho caso.
-Por favor Wheels, ¿se va a preocupar o a enfadar por que abrace a Mo? Si os abrazo a todos, todos los días unas cuantas veces...
Acabábamos de llegar a la puerta de mi casa. Abrí, cogí su sudadera del perchero que había en la entrada y se la di.
-No se Glim, no se. Pero ten por seguro que no te voy a dejar de abrazar por que él se enfade. Eres mi hermana, me gusta abrazarte.
Me reí y le abracé. Noté como él se reía y me abrazaba también.
-Si hablas con él o descubres algo sobre lo que le pueda pasar avísame por favor.
-Serás la primera.- Me guiñó un ojo, me dio un beso en la nariz, se dio la vuelta y comenzó a caminar, para después seguir corriendo por la acera, a un buen ritmo.
 Adoraba a ese chico.

lunes, mayo 28

Capítulo 1.

-Por supuesto, prefiero mil veces un tigre a un león.
-¿Estás seguro?
-Sin dudarlo. 
Así era Arrow. Si todo el grupo estaba de acuerdo en una cosa, el  decía lo opuesto, no por llevar la contraria, si no porque lo pensaba y él siempre decía lo que pensaba. Incluso en algo tan tonto como preferir un animal u otro el estaba en contra. Y yo, que siempre estaba en el medio, me acababa poniendo de su parte, no por falta de personalidad, si no porque te daba unos perfectos argumentos por los que él se regía y acababan convenciéndote. 
-Creo que yo también. Te toca.
Eran las tres de la mañana de un sábado de primavera. Él, tumbado en mi cama con la cabeza sobre la almohada y yo con mis pies en su tripa, haciéndolos entrar en calor y la cabeza apoyada a los pies de la cama. Los dos hablábamos ya casi sin pensar, mirando fijamente al techo lleno de estrellas fluorescentes. Desde que una noche que no podía dormir vino y trepó hasta mi habitación, esa era nuestra postura favorita, tantas noches a esas horas. Escuchábamos música, comentábamos que nos parecían las nuevas chicas de nuestros amigos, hacíamos el imbécil con el ordenador, evaluábamos a todos los chicos y chicas que conocíamos y llegábamos a conclusiones bastante extrañas, pero siempre, siempre acabábamos tirados en mi cama, mirando a esas estrellas artificiales, adormilados y sin saber que decíamos, jugando a nuestro juego. Ese al que no jugábamos con nadie más, que nadie sabía de su existencia, que nadie conocía lo que decíamos dentro de él. Lo que pasaba en el juego, se quedaba en el juego. Y no podía ser más simple, el juego consistía en una pregunta cada uno, de lo que quisiésemos. Pero por muy estúpida, asquerosa, difícil o comprometedora que fuese la pregunta había que contestar con sinceridad. Era un pacto no escrito ni firmado, pero ambos lo llevábamos al pie de la letra.
-Está bien, me toca. Si tuvieses que besar a un chico del grupo, ¿a cuál elegirías?
-Ar, esas preguntas es complicado contestártelas a ti...
-No pongas excusas y contesta Glim.
-Bueno, pues Wheels tiene un pelo muy bonito y me encantan los ojos de Riddle. Mocking me hace reír siempre y Mild se porta muy bien conmigo...
-Pero...- Clavó en mi sus ojos. Esos ojos contra los que yo no podía hacer nada. Eran los más raros que había visto, cambiaban de color según la luz, el tiempo y su estado de ánimo. La mayoría del tiempo los tenía verdes grisáceos o tirando a miel. Cuando estaba muy feliz, excitado o nervioso se ponían verdes muy muy intenso. Cuando se relajaba, se sinceraba o se ponía tierno y dulce, cosa que pasaba muy raramente, por no decir nunca, se transformaban en un color casi miel puro. Pero era al gris al que más temía. Siempre aparecía cuando estaba enfadado, preocupado o triste. Aunque yo empezaba a sospechar que Arrow podía cambiarlos de color a su antojo. En definitiva, una mirada de esos ojos te hacía soltar hasta el secreto más profundo.
-A ti, te besaría a ti. Porque se que contigo mi vida podría seguir siendo igual, que lo podríamos dejar pasar. 
-Ya. Lo suponía. Si algún día tienes que besar a alguno para ganar un millón de dólares o para salvar el mundo, estaré preparado.- reímos- Yo también te besaría a ti si tuviese que elegir.
-¿Si tuvieses que elegir entre los chicos y yo o entre las amigas que no tienes y yo?
Se echó a reír como solo yo sabía hacer que lo hiciese. Era la verdad, el no tenía más amigas que yo. Algunas conocidas, primas, chicas que iban detrás de él y de los demás chicos de nuestro grupo... pero ninguna amiga. Ni él ni los otros 4. A ellos no les gustaba relacionarse con chicas y tampoco mucho con chicos que no fuesen ellos 5. Claro, que conmigo habían echo una grata excepción. 
-Si tuviese que elegir entre tu y los chicos. Y si tuviese que elegir entre tu y cualquier chica del instituto. Bueno, excepto Ettia.
Ettia. Últimamente acababa apareciendo en todas las conversaciones de nuestras madrugadas. Ettia era una chica tres años mayor que yo y un año mayor que Arrow que iba a nuestro instituto. Era repelente, un tipo de chica que no me caía bien y nunca lo iba a hacer. Cuando estaba con los chicos podíamos criticarla libremente, pero sin Arr delante. Estaba muy colado por ella y a la mínima se enfadaba con nosotros. 
La última vez fue un sábado por la tarde y no le volví a ver hasta el domingo por la tarde que fui a buscarle. Suponía que estaba en el skate park, siempre iba allí a estar solo, a demás, era un domingo, no habría ni un alma por allí. Hace 3 años, conocí a los chicos. Los vi pasar por delante de mi casa con sus tablas, riendo y pensé que quería una. A si pues, esa misma semana fui a comprar un skate decidida a aprender a montar. Era sábado y fui al skate park a practicar, pero lo único que hacía era besar el suelo continuamente. Entonces llegaron ellos y al principio solo me observaron, luego se acercaron, se presentaron y dijeron que si volvía a ir por allí probablemente nos viésemos muy a menudo y se volvieron a ir. Al día siguiente, domingo, fui yo sola otra vez, a practicar más. No quería volver a quedar como una niña que no tenía ni idea. Después de tres horas, en mi caída número quinientos por lo menos me quede sentada en el suelo examinándome las heridas de las manos. Entonces vi un trozo de chocolate aparecer por mi hombro.
-Necesitas relajarte un poco. Come y cuando acabemos te ayudaré.
-Me has asustado em... ¿Arrow, no? ¿Cuánto tiempo llevas ahí?
-Lo suficiente para saber que es exactamente lo que haces mal. Si me escuchas te caerás menos, créeme, Glim.
Era la primera cosa que me hacía reír en toda la tarde. No sabía a que venía lo de Glim, tampoco pregunté.
Desde entonces, cada domingo nos juntamos ahí, los dos solos, con dos tablas y un trozo de chocolate. Desde entonces los domingos son nuestros. Por aquel entonces yo tenía 12 años. Tres después, un domingo, iba camino del skate park con un trozo de chocolate en la mano. Y allí vi lo que me esperaba, un chico sentado en el suelo, con su tabla a unos metros y mirándose las heridas de las manos.
-Necesitas relajarte un poco.
Eso fue suficiente para calmarle y que se le pasara todo su enfado. Volviendo a mi cuarto, a un sábado, a las 3 de la mañana transformadas en las 4. 
-Arrow, deja ya a Ettia anda.
-Lo siento Glimmer. ¿Por qué te fastidia tanto?- preguntó incorporándose.
-No me fastidia, es que no la aguanto. Pienso que no te conviene.- yo también me incorporé y quedamos sentado en la cama uno enfrente del otro.
-Vale, dejemos el tema o acabaremos enfadados.
-Eh, ¿qué te parece un amanecer en el skate park?
-Es la pregunta con la respuesta más fácil que se ha oído en este cuarto en toda la noche, patosa.
Yo odiaba cuando me llamaba patosa. El lo sabía y solo lo hacía para picarme. Le tiré hacia atrás de un empujón y yo fui detrás de él. Puse el despertador, me acomodé a su lado y nos quedamos dormidos apoyados el uno en el otro, diciendo cosas sin sentido alguno.