lunes, mayo 28

Capítulo 1.

-Por supuesto, prefiero mil veces un tigre a un león.
-¿Estás seguro?
-Sin dudarlo. 
Así era Arrow. Si todo el grupo estaba de acuerdo en una cosa, el  decía lo opuesto, no por llevar la contraria, si no porque lo pensaba y él siempre decía lo que pensaba. Incluso en algo tan tonto como preferir un animal u otro el estaba en contra. Y yo, que siempre estaba en el medio, me acababa poniendo de su parte, no por falta de personalidad, si no porque te daba unos perfectos argumentos por los que él se regía y acababan convenciéndote. 
-Creo que yo también. Te toca.
Eran las tres de la mañana de un sábado de primavera. Él, tumbado en mi cama con la cabeza sobre la almohada y yo con mis pies en su tripa, haciéndolos entrar en calor y la cabeza apoyada a los pies de la cama. Los dos hablábamos ya casi sin pensar, mirando fijamente al techo lleno de estrellas fluorescentes. Desde que una noche que no podía dormir vino y trepó hasta mi habitación, esa era nuestra postura favorita, tantas noches a esas horas. Escuchábamos música, comentábamos que nos parecían las nuevas chicas de nuestros amigos, hacíamos el imbécil con el ordenador, evaluábamos a todos los chicos y chicas que conocíamos y llegábamos a conclusiones bastante extrañas, pero siempre, siempre acabábamos tirados en mi cama, mirando a esas estrellas artificiales, adormilados y sin saber que decíamos, jugando a nuestro juego. Ese al que no jugábamos con nadie más, que nadie sabía de su existencia, que nadie conocía lo que decíamos dentro de él. Lo que pasaba en el juego, se quedaba en el juego. Y no podía ser más simple, el juego consistía en una pregunta cada uno, de lo que quisiésemos. Pero por muy estúpida, asquerosa, difícil o comprometedora que fuese la pregunta había que contestar con sinceridad. Era un pacto no escrito ni firmado, pero ambos lo llevábamos al pie de la letra.
-Está bien, me toca. Si tuvieses que besar a un chico del grupo, ¿a cuál elegirías?
-Ar, esas preguntas es complicado contestártelas a ti...
-No pongas excusas y contesta Glim.
-Bueno, pues Wheels tiene un pelo muy bonito y me encantan los ojos de Riddle. Mocking me hace reír siempre y Mild se porta muy bien conmigo...
-Pero...- Clavó en mi sus ojos. Esos ojos contra los que yo no podía hacer nada. Eran los más raros que había visto, cambiaban de color según la luz, el tiempo y su estado de ánimo. La mayoría del tiempo los tenía verdes grisáceos o tirando a miel. Cuando estaba muy feliz, excitado o nervioso se ponían verdes muy muy intenso. Cuando se relajaba, se sinceraba o se ponía tierno y dulce, cosa que pasaba muy raramente, por no decir nunca, se transformaban en un color casi miel puro. Pero era al gris al que más temía. Siempre aparecía cuando estaba enfadado, preocupado o triste. Aunque yo empezaba a sospechar que Arrow podía cambiarlos de color a su antojo. En definitiva, una mirada de esos ojos te hacía soltar hasta el secreto más profundo.
-A ti, te besaría a ti. Porque se que contigo mi vida podría seguir siendo igual, que lo podríamos dejar pasar. 
-Ya. Lo suponía. Si algún día tienes que besar a alguno para ganar un millón de dólares o para salvar el mundo, estaré preparado.- reímos- Yo también te besaría a ti si tuviese que elegir.
-¿Si tuvieses que elegir entre los chicos y yo o entre las amigas que no tienes y yo?
Se echó a reír como solo yo sabía hacer que lo hiciese. Era la verdad, el no tenía más amigas que yo. Algunas conocidas, primas, chicas que iban detrás de él y de los demás chicos de nuestro grupo... pero ninguna amiga. Ni él ni los otros 4. A ellos no les gustaba relacionarse con chicas y tampoco mucho con chicos que no fuesen ellos 5. Claro, que conmigo habían echo una grata excepción. 
-Si tuviese que elegir entre tu y los chicos. Y si tuviese que elegir entre tu y cualquier chica del instituto. Bueno, excepto Ettia.
Ettia. Últimamente acababa apareciendo en todas las conversaciones de nuestras madrugadas. Ettia era una chica tres años mayor que yo y un año mayor que Arrow que iba a nuestro instituto. Era repelente, un tipo de chica que no me caía bien y nunca lo iba a hacer. Cuando estaba con los chicos podíamos criticarla libremente, pero sin Arr delante. Estaba muy colado por ella y a la mínima se enfadaba con nosotros. 
La última vez fue un sábado por la tarde y no le volví a ver hasta el domingo por la tarde que fui a buscarle. Suponía que estaba en el skate park, siempre iba allí a estar solo, a demás, era un domingo, no habría ni un alma por allí. Hace 3 años, conocí a los chicos. Los vi pasar por delante de mi casa con sus tablas, riendo y pensé que quería una. A si pues, esa misma semana fui a comprar un skate decidida a aprender a montar. Era sábado y fui al skate park a practicar, pero lo único que hacía era besar el suelo continuamente. Entonces llegaron ellos y al principio solo me observaron, luego se acercaron, se presentaron y dijeron que si volvía a ir por allí probablemente nos viésemos muy a menudo y se volvieron a ir. Al día siguiente, domingo, fui yo sola otra vez, a practicar más. No quería volver a quedar como una niña que no tenía ni idea. Después de tres horas, en mi caída número quinientos por lo menos me quede sentada en el suelo examinándome las heridas de las manos. Entonces vi un trozo de chocolate aparecer por mi hombro.
-Necesitas relajarte un poco. Come y cuando acabemos te ayudaré.
-Me has asustado em... ¿Arrow, no? ¿Cuánto tiempo llevas ahí?
-Lo suficiente para saber que es exactamente lo que haces mal. Si me escuchas te caerás menos, créeme, Glim.
Era la primera cosa que me hacía reír en toda la tarde. No sabía a que venía lo de Glim, tampoco pregunté.
Desde entonces, cada domingo nos juntamos ahí, los dos solos, con dos tablas y un trozo de chocolate. Desde entonces los domingos son nuestros. Por aquel entonces yo tenía 12 años. Tres después, un domingo, iba camino del skate park con un trozo de chocolate en la mano. Y allí vi lo que me esperaba, un chico sentado en el suelo, con su tabla a unos metros y mirándose las heridas de las manos.
-Necesitas relajarte un poco.
Eso fue suficiente para calmarle y que se le pasara todo su enfado. Volviendo a mi cuarto, a un sábado, a las 3 de la mañana transformadas en las 4. 
-Arrow, deja ya a Ettia anda.
-Lo siento Glimmer. ¿Por qué te fastidia tanto?- preguntó incorporándose.
-No me fastidia, es que no la aguanto. Pienso que no te conviene.- yo también me incorporé y quedamos sentado en la cama uno enfrente del otro.
-Vale, dejemos el tema o acabaremos enfadados.
-Eh, ¿qué te parece un amanecer en el skate park?
-Es la pregunta con la respuesta más fácil que se ha oído en este cuarto en toda la noche, patosa.
Yo odiaba cuando me llamaba patosa. El lo sabía y solo lo hacía para picarme. Le tiré hacia atrás de un empujón y yo fui detrás de él. Puse el despertador, me acomodé a su lado y nos quedamos dormidos apoyados el uno en el otro, diciendo cosas sin sentido alguno.



No hay comentarios:

Publicar un comentario