domingo, abril 21

Capítulo 24.

-¿Qué haces aquí?
-Lo mismo podría preguntarte yo. Este es mi sitio y lo sabes.
-Bueno, más bien, este era nuestro sitio.
Los dos se sientan en el césped y apoyan la espalda en la pared. 
-Claro. Era nuestro sitio. Ya no, ¿no?
-No. Es decir, podemos seguir viniendo aquí. Pero no es nuestro. Creo que no podremos venir juntos otra vez.
-Claro. Es lo mejor. Esto... ¿se ha acabado?
-Supongo. No hay más que hablar sobre este tema. 
-Yo ya lo he olvidado.
-Y yo.
Jamás habían tenido una conversación tan tensa y forzada entre los dos. Uno mira las manos del otro.
-¿A ti también? 
-Sí. Me lo esperaba, pero no estaba preparado para esto. Bueno, ahora ya sí. Lo tuyo ha sido más fácil.
-No. Lo mío ha sido igual. Pero yo me se controlar. 
-¿Insinúas que...? -el tono es amenazador. Él se da cuenta.- Mira, déjalo.
Suenan dos móviles.
-Me ha llegado un mensaje.
-A mi también.
Los dos miran los móviles. Sus expresiones cambian en un segundo. 
-¿En el tuyo pone que...?
-Si. Creo que son iguales. 
Ambos intentan parecer fuertes. Intentan que no los afecte. ¿Por qué debería afectarlos? Ellos ya lo han superado. ¿O no? No saben a donde mirar, sus ojos van posándose de un lugar a otro. Hasta que se encuentran unos en los del otro. Sienten que su mirada se nubla, que sus mejillas se humedecen.
Y se abrazan.

lunes, abril 15

Capítulo 23.

Mocking se agitó a mi lado en medio de la noche. Se giró, miró la hora y después a mi.
-¿Aún con los ojos abiertos? Son las 4 de la mañana Glimmer.
-Ya. No puedo dormir.
-Llevas así ya unos días. Te dije que si no podías dormir me despertases.
-Me tranquiliza verte dormir.


Bajé a desayunar muy tarde. Ya estaban en la cocina mi madre y Mocking. 
-Buenos días dormilona. -dijo mi madre mientras me acercaba un vaso de leche con cacao.
-No, quiero café.
-No más café hasta que duermas bien. 
Me senté sin rechistar. Mi madre subió a ducharse y Mocking se sentó a mi lado.
-¿Crees que la molesta que pase aquí tanto tiempo?
-¿Cómo la va a molestar? Eres la única persona que nos ayuda y nos hace compañía. Pero podías ir más a menudo a casa, que te echaran de menos. -le dije mientras sonreía.
Llamaron a la puerta y fui a abrir. Me encontré a un chico de espaldas alto y rubio. Mi primer pensamiento fue Wheels, aún no le había olvidado. Pero yo sabía que no era él; era Alex. Se giró tímidamente.
-Hola. No sabía si debería venir. Por eso he tardado tantos días, pero al final me he decidido. ¿Molesto?
-Pasa, anda. -dije sonriendo. 
Cerré la puerta y le guié hacia la cocina. Mocking y él se saludaron. Escuché bajar a mi madre por las escaleras y fui hacia allí.
-Mamá, ha venido Alex a verme. ¿Quieres conocerle?
-No hija, tengo muchas cosas que hacer. -dijo, y volviendo por donde había venido se fue. Era raro, pues mi madre siempre tenía mucho interés en conocer a mis amigos y hablar con ellos y a Alex aún no le conocía. Volví a la cocina y Alex comenzó a hablar conmigo.
-¿Qué tal estás? ¿Te va todo bien?
-Si, todo va genial, ya estoy recuperada. 
-Excepto por que no duerme. -dijo Mock cortándome. 
-Eso no es problema de esto. Llevo media vida sin dormir. No es nada nuevo.
-¿Voy a tener que venir yo a arroparte y cantarte una nana? -dijo Alex riendo.
-No te preocupes, de eso ya se encarga Mock. -contesté. Él intentó poner cara de ofendido, pero lo único que podíamos hacer los tres era reír. Que bien sentaba. 
Pasamos toda la mañana hablando, pero a la hora de comer, Alex tuvo que irse a casa. 
-Te prometo que esta tarde o mañana volveré a ver como estás. No lo pases muy mal sin mi. -dijo Alex sonriendo. Yo le abracé, era algo que necesitaba.
-Aquí te esperaremos.


sábado, abril 6

Capítulo 22.

Mocking.

Despierto. Ni se que hora es, pero por la ventana entra una luz anaranjada. Tengo el brazo entumecido y la cabeza de Glim apoyada en él. Su pelo me hace cosquillas en la nariz y estoy realmente incómodo, pero no cambiaría este momento por nada. Entonces Glimmer empieza a hablar en sueños, primero susurrando, pero después comienza a gritar. Solo repite una cosa:
-No, no, no. A él no.
Intento despertarla, pero ella grita más fuerte que yo. Empiezo a zarandearla gritando su nombre, hasta que abre los ojos llorosos y me abraza. 






-Glim, buenas noticias. Mañana nos vamos a casa. -dijo Mocking. Llevaba una semana en el hospital recuperándome. Mock no se había separado de mi en esos siete días. Y últimamente el chico del pasillo, Alex, venía a veces con nosotros. No nos conocíamos, pero habíamos llegado a llevarnos bien.
-Por fin. -contesté.
-No vuelvas a hacerlo. No vuelvas a hacer nada de esto y no tendrás que volver a pasar por aquí. Ahora me tienes a mi y todo va a ir bien. - Le abracé. Parecía verdad. Que siempre iba a estar aquí, que las cosas iban a mejorar. Pero eso es lo que siempre parecía.

Llegamos a casa y subimos a mi habitación. Estaba perfectamente colocada. Juraría que debería haber sangre en el suelo, pero ni una gota. Abrí el armario, busqué al fondo y ni rastro de las pastillas. 
-¿Has sido tú?
-Después de dejarte en el hospital, mientras te trataban y dormías tu madre se quedó y yo vine a organizarlo todo. ¿No te gusta como te lo he quedado? -dijo sonriendo. 
-Si, me encanta. -contesté abrazándole.- ¿Sabes? Voy a echar de menos una cosa del hospital. A Alex. -la verdad es que le había cogido cariño. Sabía que era peligroso. Que no podía hacer amigos. Que no debía. Pero yo no me había hecho su amiga, el se había metido en mi vida por su cuenta.
-Antes de irnos le dije que ya te daban el alta y donde vivías, por si quería venir a verte. No se si vendrá.
-Gracias Mocking. Gracias por todo. Hace una semana que apenas pisas tu casa, todo por mi.
-De echo, hace una semana que no piso mi casa. He visto a mis padres porque fueron al hospital.
-No te merezco. -dije mientras me tumbaba en la cama.
-Te mereces más. Te lo mereces todo. -dijo tumbándose a mi lado. Nos quedamos dormidos, estábamos agotados.