viernes, junio 29

Capítulo 4.

Me quedé bloqueada. No sabía que hacer, mi mente estaba totalmente en blanco. De pronto la situación tomó un primer plano en mi cabeza y me entró el pánico. Quería irme, quería salir de allí corriendo, alejarme lo más posible, esconderme y no volver nunca. Pero eran tonterías. Corrí a buscar ayuda por toda la casa, pero no había nadie. Perfecto, toda la responsabilidad para mi. Volví a la habitación y empecé a zarandear a  Arrow y a gritarle:
-Ar, Ar, ¡AR! Por favor, despierta. Si esta es una de tus bromas no tiene gracia para nada, que lo sepas. Arrow por favor...
No respondía, ni siquiera se movía. Me temí lo peor. Me acerqué a el y puse el oído en su pecho. ¿Se movía el corazón? No sabía, no podía distinguirlo. No me estaba quieta y mi respiración agitada no me dejaba escuchar bien.
Tenía miedo, mucho miedo. Pensé en llamar a los chicos, a sus padres, a los míos... Pero finalmente llamé a una ambulancia.
-Sí, estábamos hablando y de repente se desplomó. No, no se si tiene algún problema. Bueno, justo antes de desmayarse me había contado que tenía algo del corazón. Sí, está bien, el número 42. Dense prisa, por favor.
No sabía cuanto iba a tardar la ambulancia, esperaba que poco, pero como no tenía nada que hacer, pensé que a él no le gustaría ir a un hospital en ropa interior, por lo que le puse una camiseta y unos pantalones. Me sentía muy extraña vistiendo a un chico desnudo y desmayado. De pronto llamaron al timbre. Bajé corriendo y guié a dos enfermeros con una camilla hasta su cuarto. Le colocaron encima y le bajaron.
-Pero, ¿no le vais a examinar antes de llevarle o algo?
-No podemos arriesgarnos. Si es algo importante, ya nos está faltando tiempo.
Le subieron a la ambulancia y yo subí detrás. Allí había un médico que comenzó a examinarle mientras el conductor arrancaba.
-Ponerle oxígeno, rápido. El corazón late bien, pero los pulmones tienen dificultades para funcionar. ¿Nunca le ha pasado nada parecido?
¿Me estaba hablando a mi? Me había quedado mirando a Arrow y no me estaba enterando de nada. Si, por supuesto que me hablaba a mi, porque todos me miraban excepto un enfermero que le estaba poniendo oxígeno.
-¿Perdón?
-Decía que si nunca le ha pasado nada parecido.
-No, que yo sepa no.
-¿Practica algún deporte?
-Si, hace skate y juega al basket. También corre normalmente algunos kilómetros.
-Ajam...
El médico se quedo mirándole. Le abrió un ojo y le apuntó con una linterna y después repitió lo mismo en el otro.
-Ya hemos llegado, doctor.
-Que lo ingresen de momento. Y que se ocupen de él en seguida, por favor. Puedes ir con él si quieres. Supongo que querrá ver a alguien conocido cuando se despierte.
Salí de la ambulancia y no me separé de la camilla hasta que le dejaron en una habitación individual. Me senté en una silla y esperé.
Llegó una doctora muy joven y muy guapa. Estaba segura que me sonaba de algo. Tenía unos ojos color miel tan característicos...
-¡Oh dios mío, Arrow!- Gritó en cuanto le vio. Entonces caí.
-¿Eres la hermana de Mild, no?
-Si y tu eres Glimmer. Espera, ahora mismo hablamos. Él corre más prisa.
La observé mientras corría por la habitación tomándole el pulso, escuchando su respiración, examinándole los ojos como había hecho el otro doctor... Finalmente le puso una vía y una mascarilla de oxígeno. Le sacó un poco de sangre y salió un momento del cuarto. Luego regresó y se sentó al lado de mi.
-Cada día que te veo estás más guapa. ¿Cuántos años tienes ya?
-Oh, gracias. Tengo 15.
-Ah cierto, tenías uno menos que Mild. Y Arrow uno más, por lo que tendrá 17.
-¿Qué le pasa?
-De momento parece que nada. Es como si simplemente estuviese dormido, pero no reacciona. Es un tipo de coma, para que lo entiendas.
-¿Pero está bien, no? ¿Le va a pasar algo?
-No lo se. He mandado analizar la sangre y ahora me traerá su ficha, por si tiene algún problema que conste en ella.
-Sí, ami me dijo algo del corazón. Justo antes de desmayarse. Le estaban haciendo todavía pruebas, a si que no se si ya habrán puesto algo.
-¿Los chicos lo saben? ¿Y sus padres?
-No, estábamos los dos solos en casa... Tendré que ir a llamarlos, ¿no?
-Sí, creo que será lo mejor.
Sus padres aparecieron por allí a los diez minutos, bastante preocupados, pero intentaban aparentar que no. Me dijeron que había sido fuerte y que había actuado muy bien. Cinco minutos después aparecieron los chicos. Sus padres nos dijeron que fuésemos a tomar algo a la cafetería y yo les pusiese al día. Eran las 2 de la madrugada más o menos. La verdad es que no nos apetecía tomar nada, pero aún así lo pedimos.
-Glim, se pondrá bien, no te preocupes. -Me dijo Wheels mientras me abrazaba.- Te lo prometo.
La conversación fue bastante triste comparada con la que habíamos tenido horas antes. Ninguno tenía realmente ganas de hablar, pero ami me tocó hacerlo para explicarles lo que pasó desde que llegué a su casa. Estuvimos ahí cerca de media hora y decidimos volver a subir.
-Nos han confirmado definitivamente lo del corazón. Tienen que operarle mañana. Si queréis iros a casa a descansar, tenéis clase dentro de unas horas. -Nos dijo su madre con los ojos llorosos.
-No, nos quedamos. Podemos hacer turnos para que algunos duerman algo. Mañana iremos a clase y luego volveremos. -Rid nos había leído el pensamiento a todos.
-Está bien. Nosotros vamos a tomar un café, dentro de un rato subimos.
Fueron dos horas dolorosas e insufribles. Nadie hablaba, solo le mirábamos. Cuando dieron las siete y fuimos a casa a prepararnos fue realmente un alivio.
En el instituto estuvimos todavía más separados del resto de la gente. En el recreo nos sentamos alejados de todos, pero muy cerca de nosotros. Manos en las espaldas y en las cabezas en señal de apoyo y abrazos. Siempre habíamos estado muy unidos, pero ahora lo necesitábamos más. Antes de irnos, pasamos por mi casa, que era la más cercana, hicimos unos bocadillos y fuimos al hospital.
-La operación ha sido un éxito. En media hora se despertará de la anestesia y dentro de poco le tendréis de nuevo en casa. -Las palabras de Anne, la hermana de Mild, fueron como una bebida energética para todos. Se nos iluminaron las caras y había indicios de sonrisas.
Estábamos en la habitación, con la cama rodeada de sillas. Yo era la que más cerca de Arrow estaba, y le acariciaba el pelo, mientras miraba por la ventana. De pronto escuché:
-Buenos días princesa.
Miré hacia abajo y vi la cara dolorida y cansada de Ar, con un intento de sonrisa en ella. Cada vez que sonreía hacía una mueca de dolor.
-Me duelen los puntos. -Dijo en voz baja. -Pero que más da.
Me cogió y me acercó a él. Me dio lo que se pudo interpretar como un abrazo, pues hacía movimientos raros por el dolor. Entonces todos dejaron lo que estaban haciendo y se acercaron más a el, con sonrisas radiantes en sus caras.
-Chicos, gracias por estar aquí todos.-hizo una pausa. -Glim, no se lo que ha pasado, pero se que estaba contigo y no había nadie más en casa y se que ahora mismo estoy recién operado del corazón. A si que, gracias por evitar que me muera. Te lo debo todo.
-No Ar, no. Yo te lo debía. -Le dije mientras le guiñaba el ojo.


lunes, junio 4

Capítulo 3.

-No le puedo aguantar más, un día de estos le mato, lo juro.
-Venga Gli, calma, tenemos que averiguar que le ocurre.
Estábamos en mi casa tomando un chocolate caliente después de llevar dos horas patinando bajo la lluvia. Todos menos Arrow. Hacía una semana y media que no iba a patinar y no quedaba con nosotros. Solo le veíamos a veces en el instituto, pero siempre nos despistaba y desaparecía. Wheels intentaba calmarme, no aguantaba que Arrow, precisamente él, no me hablase y me evitase. Y eso, sumado al estrés de los exámenes finales, hacían de mi una mezcla explosiva.
-Es que no entiendo que narices le puede estar pasando, para ni siquiera querer vernos. Si de verdad somos sus amigos debería contárnoslo, ¿no creéis?
-¿Cómo que si de verdad somos sus amigos? Por favor, eso ni lo dudes. -Contestó Mock muy serio.
La situación en si era divertida. Todos rendidos, tirados por el suelo, la cama o las sillas de mi habitación, con poca ropa, ya que se estaba secando, algunas mantas e intentando que no se nos cayese el chocolate mientras gritábamos alterados. 
-¿A qué hora os vais a ir? -pregunté.
-¿Nos estás echando? -dijo Riddle, sin pretender ser gracioso, pero hizo que todos riésemos. 
-No, cuando os vayáis voy a ir a su casa. Ahí no puede huir de mi.
-¿Y si no está?
-¿Dónde va a estar? En el skate park no, llevamos ahí toda la tarde. Y el no suele ir a ningún otro sitio solo. A menos que esté con alguien...de todos modos, pienso averiguarlo.
-Intentaría detenerte, pero eres demasiado cabezona. Bueno chicos, ¿nos vamos? -sugirió Mild. Todos comenzaron a vestirse.
-Yo debería estar haciendo un trabajo. Adiós señorita, hasta mañana. -Wheels se despidió haciendo una reverencia, me cogió la mano y le plantó un beso. Yo solté una risa tonta.
-Un placer hacer negocios con usted. -Mocking le arrancó mi mano de entre las suyas a Wheels y la agitó efusivamente. 
-Yo podría haber tenido unos amigos normales. Pero no, me tocaron estos. -todos comenzaron a reír.
-Hasta mañana pequeña. -Dijo Riddle con una sonrisa en la boca todavía. Y acto seguido todos salieron de mi habitación pronunciando una avalancha de adioses. 
Esperé a oír que la puerta de la calle se cerraba y los vi marchándose desde mi ventana. Cogí una sudadera, me puse las zapatillas y salí por la ventana. Pisaba exactamente en los sitios que hacía más de dos semana que no pisaba Arrow. Me sentía vacía. Claro que los necesitaba a todos y cada uno y me faltase el que me faltase no estaría completa. Pero con Arrow la cosa iba más allá. Tenía una relación especial conmigo. Podría decirse que era mi mejor amigo, aunque no me entusiasmasen esas palabras, pero mejor amigo se quedaba corto para él. Hermano. Hermano también se quedaba corto. Los demás correspondían más a aquella definición. Me protegían, me aguantaban, bromeaban conmigo... Pero ninguno se escapaba todos los fines de semana y se colaba en mi cuarto. Ninguno me había soportado noche tras noche un verano entero mojando con lágrimas sus hombros por un chaval. Ninguno me había dejado verle desnudo y ninguno me había visto desnuda. Ninguno excepto Arrow. Lo nuestro iba más allá. Llegaba a unos niveles de confianza, compañerismo y entendimiento que nadie había tenido nunca conmigo. Y eso era lo que yo añoraba.
Con el mayor silencio que me permitían mis zapatillas aplastando el agua de los charcos recién formados llegué a su casa. Hacía esquina y justo enfrente de la ventana de Ar había una farola que casi nunca lucía, perfecta para subir apoyándose en ella y en la pared. En menos de un minuto estaba arriba tamborileando con mis dedos en el cristal lleno de gotitas de agua. La ventana se abrió y antes de mirar nada o a nadie pasé, me quité las zapatillas y me senté en la cama. 
-Me lo vas a contar. Ahora mismo o dentro de tres horas. Pero no saldré de esta habitación sin una explicación.
-Glim, lo siento... -Fue lo único que escuché antes de que su cabeza se hundiese en mi hombro. Lo noté humedecerse en seguida. Estaba llorando. Arrow, el más maduro de todos, aunque de los más jóvenes, el que siempre nos decía que no merecía la pena llorar por nada, el que siempre tenía una sonrisa para nuestras lágrimas, el que nos había visto llorar a todos, pero a él no le había visto nadie. Ese Arrow, mi Arrow estaba llorando. Si no fuese por que la camiseta cada vez se me pegaba más al hombro de lo mojada que estaba no me lo hubiese creído. Y en ese momento solo un pensamiento rondaba por mi cerebro: ¿Qué cosa tan fuerte habría hecho romperse a esos ojos inquebrantables?
Lo abracé con toda la fuerza que me permitieron mis brazos. Lo sentía como algo a lo que tenía que proteger. Me sentía culpable la verdad. No sabía cual era el motivo de aquel llanto, pero yo le había hecho derrumbarse en ese momento. Me entraron ganas de llorar a mi también, pero me contuve. 
-Ar, mírame. Deja de llorar y dime que te pasa. -No se movía. Seguía en la misma posición y no parecía por la labor de hablar. Me pregunté que habría hecho mal yo.
-Por favor... - Pensé que me iba a derrumbar yo también y la voz se me quebró en la última sílaba. Eso fue lo que le hizo reaccionar; se secó corriendo los ojos en mi camiseta y me miró directamente a los míos. 
-Ayúdame. Por favor. Te necesito más que nunca.
-Sabes que siempre estoy aquí, pero si no me llamas ni contestas a mis mensajes, no sales y me esquivas por los pasillos, ¿cómo esperas que te ayude? -perdí un poco el control, los nervios y la rabia me dominaron.
-Lo siento...es solo que no podía aceptarlo. Pensé que no era verdad. Y que sí nadie lo sabía sería menos verdad todavía.
-¿De que hablas Ar? No me asustes, por favor... -sus ojos se clavaron en los míos. Estaban de un verde grisáceo que nunca había visto. Estaban como...rotos. Se que no es la mejor definición y probablemente no os enteréis de como estaban realmente. Pero era la palabra que me inspiraban.
-Tengo un problema. En el corazón. Probablemente no pueda volver a patinar nunca y tendré que estar menos tiempo contigo y con los chicos.
Dicen que los ojos son el espejo del alma. Y efectivamente, los ojos de Arrow estaban rotos, porque reflejaban perfectamente a su alma, partida por la mitad. Un capricho del destino le estaba arrancando de sus brazos a tirones las dos cosas que más quería y deseaba en el mundo: su tabla y sus amigos.
-¿Pero como...? -no me dejó acabar la pregunta, aunque tampoco sabía muy bien como hacerlo.
-Os necesito Glim...- Se apoyó en mi hombro, rebotó y cayó inconsciente sobre la cama.