martes, mayo 29

Capitulo 2.

Riddle se encendió un cigarro. Fumaba muchísimo, tenía más alquitrán en su cuerpo que una carretera. Wheels le pidió uno y comenzó a fumar también. Mientras Mocking examinaba como Arrow practicaba un truco una y otra vez yo empecé a toser. La alergia me dejaba medio muerta y el humo del tabaco solo empeoraba las cosas.
-No echéis aquí el humo, que Gli se nos muere -dijo Mild saliendo en mi defensa. Creo que Mild era el que mejor me trataba de todos. Es decir, todos me trataban muy bien, pero él siempre salía en mi defensa, siempre intentaba protegerme, a pesar de ser el más joven y tener solo un año más que yo. Siempre con una palabra de apoyo en la boca dispuesto a sacarte una sonrisa. Sus ojos claros surgían más efecto que cualquier tranquilizante del mundo. Siempre se le veía calmado, para ti, excepto cuando empezaba a darle vueltas al aro que tenía en su nariz, del que yo tenía su pareja en mi oreja izquierda, que era cuando todos notábamos que estaba nervioso o preocupado, pero eso ocurría muy pocas veces. 
-Lo sentimos Glimmer- dijo Riddle.
-Entonces, ya ni hablamos de fumarte uno, ¿no?- Todos reímos con la broma de Wheels. Creo que es el más fácil de describir junto con Mo. El típico chico de 18 años recién cumplidos con su perfecto pelo rubio y sus perfectos ojos azules. Sus perfectos hombros llenos de tatuajes y su perfecta energía que nadie sabía de donde la sacaba. Para aguantar su ritmo durante todo el día los demás debíamos bebernos una o dos bebidas energéticas. Era todo pura adrenalina. En cambio Riddle no sabría por donde empezar. Podría describir su pelo, negro, que jamás se movía un centímetro de su sitio. Podría describir su cuerpo, quizás el más musculoso de todos los chicos. Podría describir sus ojos. Bueno no, no podría describir sus ojos de ninguna manera de la que os hicieseis una idea de como te atrapaban, de como te hundías en ellos. Eran de un negro tan profundo que te perdías y no podías salir sin ayuda. Y de su personalidad tampoco podría describir mucho. En una palabra, misterioso. Era el más mayor de todos, con 19 años y medio. Si él no quería no te enterarías ni una palabra de lo que hablaba, ni el sentimiento que mostraba su gesto en cada momento, ni lo que quería expresar. Pero cuando quería lo decía todo claramente. Era una persona realmente extraña, pero no por ello peor amigo que los demás. 
De repente Arrow se cayó y se quedó sentado, mirando atónito a la herida que sangraba en su rodilla y machaba la parte baja de las calzonas. Mocking fue corriendo a ayudarle y yo comencé a sacar algodón, alcohol y tiritas de mi mochila, donde siempre llevaba algunas cosas, ya que eramos muy dados a hacernos heridas. Mo le levantó y Wheels, al ver que no podía andar bien, fue también a ayudarle. Entre los dos le trajeron y le dí un algodón mojado en alcohol para que se desinfectase. Mientras él daba pequeños suspiros de dolor, Mo se reía.
-Te dije que no pusieses así la pierna, pero como nunca me haces caso.
-Es muy fácil decirlo¡AH!- yo, harta de ver que apenas se tocaba la herida con el algodón lo cogí y empecé a apretárselo fuerte, lo que le provocó más escozor.
-Eres un quejica y una nenaza.- me burlé.
-Claro que sí, pero no más que tú, patosa.- Le dí un toque muy fuerte con el algodón en respuesta, lo que le hizo soltar un grito.
Mientras tanto, Mo, agachado a mi lado examinaba mis movimientos. Mocking, en realidad era un chico tranquilo. Siempre estaba bromeando, siempre. Sus ojos marrones tenían una pequeña chispa, que, junto a su sonrisa, nunca se iban. Su gran sonrisa, casi tan grande como su corazón. Siempre tenía un hueco para ti, ya fuese para llorar o reír. 
-Patoso. -Le susurré a Arrow cuando acabé de limpiarle la herida. Él, con cara de ofendido me dio un pequeñísimo empujó, pero que dada la postura en cuclillas que yo tenía, me desestabilizó totalmente y caí encima de Mo que estaba sentado a mi lado. El me abrazo y me dijo:
-Gli, tienes que tener más cuidado, o te harás daño. -me guiñó un ojo y yo reí. 
-Venga Mocking, deja de ligar, que Glimmer es de los 5. -bromeó Wheels.
-Cierto Mo, venga, vamos y a casa que me cure bien esto, que mañana madrugamos. -dijo Arrow. 
-Riddle y yo también nos vamos, hasta mañana.- Mild y Riddle siempre se iban juntos porque vivían muy cerca y al lado contrario que todos los demás del grupo. 
-Glim, te acompaño a casa y me das la sudadera que te dejé ayer ¿vale?- sugirió Wheels.
-Me parece perfecto.

De camino a casa, Wheels y yo solos, él por fin preguntó:
-Glim, ayer por la noche Arrow estuvo en tu casa como siempre ¿no?
-Si, ¿Por qué?
-Se le veía bastante raro hoy, no ha hablado casi y ha estado mucho rato practicando solo. ¿Él te ha dicho algo?
-No, pero supongo que si a mi me lo hubiese dicho a vosotros también, ¿no?
-No te creas, casi siempre nosotros nos enteramos de las cosas después que tu. Él te lo cuenta a ti todo primero.
-Y yo que pensaba que era la última siempre - soltamos una pequeña risa.
-Oye, no os traeréis nada en secreto ¿no?
-Que tonterías Wheels, llevamos casi 3 años así, ¿en serio crees que nos traemos algo?
-No, pero antes cuando Mock y tu os habéis abrazado, se le han puesto los ojos grisáceos. Aunque podría ser por el tiempo o algo, no me hagas mucho caso.
-Por favor Wheels, ¿se va a preocupar o a enfadar por que abrace a Mo? Si os abrazo a todos, todos los días unas cuantas veces...
Acabábamos de llegar a la puerta de mi casa. Abrí, cogí su sudadera del perchero que había en la entrada y se la di.
-No se Glim, no se. Pero ten por seguro que no te voy a dejar de abrazar por que él se enfade. Eres mi hermana, me gusta abrazarte.
Me reí y le abracé. Noté como él se reía y me abrazaba también.
-Si hablas con él o descubres algo sobre lo que le pueda pasar avísame por favor.
-Serás la primera.- Me guiñó un ojo, me dio un beso en la nariz, se dio la vuelta y comenzó a caminar, para después seguir corriendo por la acera, a un buen ritmo.
 Adoraba a ese chico.

lunes, mayo 28

Capítulo 1.

-Por supuesto, prefiero mil veces un tigre a un león.
-¿Estás seguro?
-Sin dudarlo. 
Así era Arrow. Si todo el grupo estaba de acuerdo en una cosa, el  decía lo opuesto, no por llevar la contraria, si no porque lo pensaba y él siempre decía lo que pensaba. Incluso en algo tan tonto como preferir un animal u otro el estaba en contra. Y yo, que siempre estaba en el medio, me acababa poniendo de su parte, no por falta de personalidad, si no porque te daba unos perfectos argumentos por los que él se regía y acababan convenciéndote. 
-Creo que yo también. Te toca.
Eran las tres de la mañana de un sábado de primavera. Él, tumbado en mi cama con la cabeza sobre la almohada y yo con mis pies en su tripa, haciéndolos entrar en calor y la cabeza apoyada a los pies de la cama. Los dos hablábamos ya casi sin pensar, mirando fijamente al techo lleno de estrellas fluorescentes. Desde que una noche que no podía dormir vino y trepó hasta mi habitación, esa era nuestra postura favorita, tantas noches a esas horas. Escuchábamos música, comentábamos que nos parecían las nuevas chicas de nuestros amigos, hacíamos el imbécil con el ordenador, evaluábamos a todos los chicos y chicas que conocíamos y llegábamos a conclusiones bastante extrañas, pero siempre, siempre acabábamos tirados en mi cama, mirando a esas estrellas artificiales, adormilados y sin saber que decíamos, jugando a nuestro juego. Ese al que no jugábamos con nadie más, que nadie sabía de su existencia, que nadie conocía lo que decíamos dentro de él. Lo que pasaba en el juego, se quedaba en el juego. Y no podía ser más simple, el juego consistía en una pregunta cada uno, de lo que quisiésemos. Pero por muy estúpida, asquerosa, difícil o comprometedora que fuese la pregunta había que contestar con sinceridad. Era un pacto no escrito ni firmado, pero ambos lo llevábamos al pie de la letra.
-Está bien, me toca. Si tuvieses que besar a un chico del grupo, ¿a cuál elegirías?
-Ar, esas preguntas es complicado contestártelas a ti...
-No pongas excusas y contesta Glim.
-Bueno, pues Wheels tiene un pelo muy bonito y me encantan los ojos de Riddle. Mocking me hace reír siempre y Mild se porta muy bien conmigo...
-Pero...- Clavó en mi sus ojos. Esos ojos contra los que yo no podía hacer nada. Eran los más raros que había visto, cambiaban de color según la luz, el tiempo y su estado de ánimo. La mayoría del tiempo los tenía verdes grisáceos o tirando a miel. Cuando estaba muy feliz, excitado o nervioso se ponían verdes muy muy intenso. Cuando se relajaba, se sinceraba o se ponía tierno y dulce, cosa que pasaba muy raramente, por no decir nunca, se transformaban en un color casi miel puro. Pero era al gris al que más temía. Siempre aparecía cuando estaba enfadado, preocupado o triste. Aunque yo empezaba a sospechar que Arrow podía cambiarlos de color a su antojo. En definitiva, una mirada de esos ojos te hacía soltar hasta el secreto más profundo.
-A ti, te besaría a ti. Porque se que contigo mi vida podría seguir siendo igual, que lo podríamos dejar pasar. 
-Ya. Lo suponía. Si algún día tienes que besar a alguno para ganar un millón de dólares o para salvar el mundo, estaré preparado.- reímos- Yo también te besaría a ti si tuviese que elegir.
-¿Si tuvieses que elegir entre los chicos y yo o entre las amigas que no tienes y yo?
Se echó a reír como solo yo sabía hacer que lo hiciese. Era la verdad, el no tenía más amigas que yo. Algunas conocidas, primas, chicas que iban detrás de él y de los demás chicos de nuestro grupo... pero ninguna amiga. Ni él ni los otros 4. A ellos no les gustaba relacionarse con chicas y tampoco mucho con chicos que no fuesen ellos 5. Claro, que conmigo habían echo una grata excepción. 
-Si tuviese que elegir entre tu y los chicos. Y si tuviese que elegir entre tu y cualquier chica del instituto. Bueno, excepto Ettia.
Ettia. Últimamente acababa apareciendo en todas las conversaciones de nuestras madrugadas. Ettia era una chica tres años mayor que yo y un año mayor que Arrow que iba a nuestro instituto. Era repelente, un tipo de chica que no me caía bien y nunca lo iba a hacer. Cuando estaba con los chicos podíamos criticarla libremente, pero sin Arr delante. Estaba muy colado por ella y a la mínima se enfadaba con nosotros. 
La última vez fue un sábado por la tarde y no le volví a ver hasta el domingo por la tarde que fui a buscarle. Suponía que estaba en el skate park, siempre iba allí a estar solo, a demás, era un domingo, no habría ni un alma por allí. Hace 3 años, conocí a los chicos. Los vi pasar por delante de mi casa con sus tablas, riendo y pensé que quería una. A si pues, esa misma semana fui a comprar un skate decidida a aprender a montar. Era sábado y fui al skate park a practicar, pero lo único que hacía era besar el suelo continuamente. Entonces llegaron ellos y al principio solo me observaron, luego se acercaron, se presentaron y dijeron que si volvía a ir por allí probablemente nos viésemos muy a menudo y se volvieron a ir. Al día siguiente, domingo, fui yo sola otra vez, a practicar más. No quería volver a quedar como una niña que no tenía ni idea. Después de tres horas, en mi caída número quinientos por lo menos me quede sentada en el suelo examinándome las heridas de las manos. Entonces vi un trozo de chocolate aparecer por mi hombro.
-Necesitas relajarte un poco. Come y cuando acabemos te ayudaré.
-Me has asustado em... ¿Arrow, no? ¿Cuánto tiempo llevas ahí?
-Lo suficiente para saber que es exactamente lo que haces mal. Si me escuchas te caerás menos, créeme, Glim.
Era la primera cosa que me hacía reír en toda la tarde. No sabía a que venía lo de Glim, tampoco pregunté.
Desde entonces, cada domingo nos juntamos ahí, los dos solos, con dos tablas y un trozo de chocolate. Desde entonces los domingos son nuestros. Por aquel entonces yo tenía 12 años. Tres después, un domingo, iba camino del skate park con un trozo de chocolate en la mano. Y allí vi lo que me esperaba, un chico sentado en el suelo, con su tabla a unos metros y mirándose las heridas de las manos.
-Necesitas relajarte un poco.
Eso fue suficiente para calmarle y que se le pasara todo su enfado. Volviendo a mi cuarto, a un sábado, a las 3 de la mañana transformadas en las 4. 
-Arrow, deja ya a Ettia anda.
-Lo siento Glimmer. ¿Por qué te fastidia tanto?- preguntó incorporándose.
-No me fastidia, es que no la aguanto. Pienso que no te conviene.- yo también me incorporé y quedamos sentado en la cama uno enfrente del otro.
-Vale, dejemos el tema o acabaremos enfadados.
-Eh, ¿qué te parece un amanecer en el skate park?
-Es la pregunta con la respuesta más fácil que se ha oído en este cuarto en toda la noche, patosa.
Yo odiaba cuando me llamaba patosa. El lo sabía y solo lo hacía para picarme. Le tiré hacia atrás de un empujón y yo fui detrás de él. Puse el despertador, me acomodé a su lado y nos quedamos dormidos apoyados el uno en el otro, diciendo cosas sin sentido alguno.