miércoles, junio 5

Capítulo 26.

Terminamos de cenar y ayudamos a la madre de Mock con los platos mientras sus hermanos correteaban entre nuestras piernas. Cuando acabamos, decidí irme a casa.
-Te acompaño. -dijo Mock.
-No te preocupes. Confía en mi. -dije poniendo mi mano en su hombro.- No me pasará nada. Quédate aquí y descansa, que lo necesitas.
Cogí mi chaqueta y salí por la puerta tras despedirme. Iba sola por la calle tras más de dos semanas encerrada en casa. Esa sería la primera noche que dormiría sola, todas había estado Mocking a mi lado. Pensaba que ya estaba recuperada, que podía hacerlo. Que yo era lo suficientemente fuerte. 
Llevaba un rato caminando sola, bajo la luz de las farolas. No se veía a nadie por la calle, excepto algunos coches. Entonces una silueta apareció al final de la calle, andando por la misma acera que yo, pero en sentido contrario. Al principio no distinguía nada en ella. Según iba acercándose empecé a reconocer algunos rasgos. El pelo se veía negro, tanto en las zonas iluminadas por las farolas como en las oscuras. A juego, del mismo color, llevaba unos vaqueros que le quedaban un poco ajustados. Y la sudadera se distinguía rojiza a esa distancia. Yo sabía quien era. Pero, ¿qué se suponía que tenía que hacer? ¿Echar a correr en la dirección contraria? ¿Cambiarme de acera? ¿Pasar a su lado como si nada? Cada vez nos acercábamos más, hasta que estaba a unos pocos pasos de mi. No se si él me reconoció, porque no fui capaz de mirarle a la cara. Cuanto más nos acercábamos más ganas tenía de tirarme a sus brazos y abrazarle con toda la fuerza que tuviese. De echarle en cara que no hubiese estado conmigo y me hubiese dejado sola. De preguntarle por su vida. De decirle que le había echado de menos. Ya estábamos casi en frente y yo sabía que no iba a hacer nada de eso; que no debía hacerlo; que no tenía el valor suficiente para hacerlo.
Entonces pasó a mi lado como si ni siquiera me conociese. Había hecho él todo el trabajo por mi. Al pasar el aire me trajo su aroma. Olía a todas esas cosas que me recordaban a él, que me hacían sentirme bien, pero que a la vez me mataban poco a poco por dentro. 
Continué andando como si no hubiese pasado nada, aún que en mi interior todo estaba fuera de su sitio. Al doblar la esquina me senté en el suelo porque no creía que pudiese sostenerme mucho más tiempo en pie. Todo me daba vueltas y yo aún tenía el recuerdo de su olor. Me quedé con la espalda apoyada en la pared, ignorando el móvil que sonaba. Se me fueron cerrando los ojos y me quedé dormida.


Lo siguiente que recuerdo es despertar tumbada en el suelo de una calle, mientras Alex me zarandeaba. No recordaba qué había pasado.
-¿Qué hago aquí?
-Eso debería preguntarte yo a ti.
-No me acuerdo... -pero de algo sí me acordaba. Recordaba haberme cruzado con Arrow. - ¿Cómo me has encontrado?
-Alguien me llamó desde tu móvil diciendo que viniese aquí. No dijo nada más, solo colgó.
-¿No dijo quién era? -dije ilusionada, esperando oír el nombre de Arrow.
-No. Sería alguien que pasaba por la calle y te vio. 
-Si, sería. -contesté con la cabeza baja. 
Necesitaba a Alex, pero al mismo tiempo no le necesitaba. Necesitaba a mi madre. Necesitaba a Mocking. Necesitaba a su madre. Necesitaba a Abby y Tony. Pero al mismo tiempo no los necesitaba, a ninguno de ellos.
A quien necesitaba era a Arrow, y era el único que no estaba.